lunes, noviembre 27, 2006
Resquebrajado
La constancia repercutió negativamente, las obligaciones se duplicaron. Tiene que ser así. ¿Tiene?. El egoísmo, el orgullo. Y las cortinas que se prenden fuego mientras la imagen de los techitos se desdibuja en las últimas señales del sol celeste anaranjado. Un libro que descansa inmóvil sobre la mesa. El reloj tampoco funciona, hace años. Eran los últimos vestigios de la infancia, presentes en la recurrente quietud externa. La abuela que se pierde en un pasillo largísimo, con una bolsa de agua caliente en la mano izquierda y la Biblia en la derecha. La aguarda una cama enorme, que hace más de veinte años abriga un solo cuerpo cansado. Era imposible reconstruir las pérdidas, pero eran otras épocas, donde la soledad se ofrecía como obligación y necesidad. Años melancólicos aquellos últimos. “Cuidarás a tu rebaño”; “No codiciarás la mujer del otro”; “Dichosos aquellos que le temen al señor”. La misa de los domingos, un almuerzo infeliz y a la bolsa de agua caliente una vez más. A revolver la cabeza. Repeticiones. Repeticiones. Repeticiones. Ni una nueva conclusión. Los libros, todos, estaban en blanco. Las poesías aparecían como el vapor de una pava desvencijada. Temblando.
lunes, noviembre 20, 2006
Furia
El sonido del teléfono estalló en la oquedad de la cocina. El fuego estaba encendido para calentar un poco de sopa. El pan, de hace dos o tres días, aguardaba opaco sobre un plato de madera. Y había un cuchillo, de serruchito, apoyado una servilleta de tela verde. Mejor no atender. Las ventanas se empañaban por la diferencia de temperaturas; afuera la noche se asomaba helada, como un cadáver abandonado. La luz era amarilla y formaba una sombra extensa sobre el teléfono, que no paraba de sonar. El resto de la casa estaba a oscuras, como siempre a esa hora. Otra vez silencio. Sólo el viento que golpea las ventanas. La sopa aún estaba tibia cuando la puerta de esa cocina se cerró para siempre.
domingo, octubre 29, 2006
Pinceles
Pintar frutas parece un ejercicio conmovedor. Especialmente cuando se intenta con cada movimiento ocultar la angustia que provoca el desencuentro, la negación, la frustración y la ceguera.En las calles vibra ahora una voz gruesa que escupe rimas caprichosas. ¿Los bandoneones se ahogaron en su propia melancolía? El camino a la apatía probablemente supere las quejas de algunos intelectuales. Pero no hay que buscar más discusiones. Los círculos son en realidad espirales.Los datos caen falazmente mientras las lenguas se mezclan, todas, en una sola. Los triángulos rotos presagian el silencio y la libertad.
lunes, octubre 16, 2006
Disfraz
Bendita ventana que me ofrece el vacío, en su hueco esencial. Mis piernas temblando, a un movimiento de la caída. Es la distancia entre el viento y el suelo pétreo, como búsqueda hacia el adjetivo perfecto. Aunque la claridad de la música sostiene la angustia un instante más. Dejar esta obra inconclusa no tiene sentido. Gracias Piazzolla, Spinetta y Borges. Gracias Berni, gracias ciudad. Gracias por abandonarme y arrojarme al lodo de las veredas soleadas. En aquella humedad encuentro mis pies olvidados en la comodidad. Las sentencias de los incomprendidos son la máxima inspiración dentro de esta sucesión de ambientes sin criterio. En el próximo bloque alguien venderá un producto y su dignidad al mismo tiempo. Yo no quiero estar allí. Esos ojos verdes sólo invitan al disfraz. Insisto, prefiero ser lágrima y nacer en la posibilidad, en tu canción, en tu abrazo.
domingo, septiembre 17, 2006
Escalera
La palabra escalera como una metáfora de la soledad. Desde la inquietud emocional se alzan porciones de suelo superpuestas, que convidan a los cuerpos hacia salas abandonadas, habitadas por soles de otoño y bandadas de palomas mugrientas. El ruido de los aleteos desvencija los muebles. Es un espacio irregular, aunque casi cuadrado, determinado por paredes mordidas por la hiedra. Hay una sola ventana, lúgubre, completa de vidrios biselados que conocieron años de elegancia. En un rincón arde una vela que proyecta sombras extensas, sombras de polvo, frías como el abrazo disuelto en el recuerdo. Un solo vocablo puede desgranar la habitación, pero nadie se atreve a pronunciarlo.El sueño propuso su discurso: El diálogo entre la tormenta y la estatua comienza con verbos de humo que condicionan la entidad. Discuten acerca de cómo trabajar líneas, comentan que los espacios deben ser signos de dedicación.
domingo, septiembre 03, 2006
Fuego de agua
Soy lágrima. Una búsqueda sutil entre espacios que se han ensuciado. ¿Pueden los cuerpos extirpar el sonido final de este poema?. Simplemente quiero saber que estás ahí, en una habitación perdida en mi misma ciudad, sentada en una silla de mimbre, delgada como el papel. Postrado ante un fuego de hogar, mi cabecita no encuentra soluciones a todas las palabras que giran adentro de una taza de té solitaria. La cuchara se pierde en las sombras húmedas de un recuerdo inmediato. Sin sol, viajando hacia un canasto de verbos forzados que nunca lavan el último vacío. Si fuera la tierra un hilo de cobre entre nosotros, tal vez pueda encontrar también tu tristeza. Pero prefiero ser lágrima y ahogarme epiléptico entre árboles de telgopor. Mañana seré plegaria, un recuerdo mínimo. Las exigencias de la infancia me han abandonado, dónde se diluyó la pureza. Mi inocencia extinta entre respiros, allí.
lunes, agosto 14, 2006
Huele a ti
La noche aplasta. Esta vez no me quedo taciturna por el insomnio, ahora es la humedad. Cruje la columna vertebral, con ella y con la humedad todas mis maldiciones juntas. No tengo motivos, ingiero el chocolate, la barra dulce y pegajosa. Es la que garantiza por unas horas, según dicen los expertos, un toque de felicidad. A estas alturas no le creo nada a nadie y me dedico a mirar al vacío. Una pena aparentemente creada para llamar la atención. Mis ojos entristecen y se llenan de melancolía. Sin sentido. Huelo, huele a raticidas. O a ratas, no importa ya a qué huele todo. Esta vez lo intento mejor. Pretendo no sentir cuando me fascina la idea de sufrirlo. ¡Qué mente tan perversa o qué corazón tan dañado actuaría de ese modo! Esta noche ciega corazones, todo lo que tenga a su alcance y más. Fuera del tiempo y fría se propone invadir. ¿Qué se ha creído, arribar arrogante es sinónimo de grandeza? Nada de eso, no me convence. Se ha montado el impertinente escenario de la “realidad”. ¡Qué con eso! Maligna la hora de los recuerdos, el mundo oscuro que perturba de noche y tu cara de hipócrita. Tu actuar me condena a pertenecer y el mío me condena a enfurecerte a cada instante. Pido fragilidad y me das piletas vacías. Pido un abrazo y me pides que no te lo pida. Sigue oliendo a ratas. Crece mi ansiedad cuando no ha de haberla, sigo con hastío. Todo huele a ti, a ratas. Darle un fin al amor sería atípico. ¿Qué es típico?
martes, agosto 08, 2006
Éramos dos
Yacía hundido, el ojo parpadeaba inútilmente. Nadie lo sabía, el enemigo era el menos probable. Un escalofrío llegaba a la garganta y le hacia escupir sequedad. Y así fue. Sucedían las figuras. Estaban en la antigua China. Nada lo inquietaría, en algún momento llegaría… allí, aquí, tal vez. Todos sabían que era usted. Igualmente seguían jugando esperando su llegada. En el mar había algas venenosas, era un océano indómito, un vómito, y un séquito de gente seca. Y que hacer?...salía…agitaba lo que tenía en su mano y explayaba su arte. Y ahora le toca escribir a ella. Inquietante, alguien le abriría la puerta o le daría lago de comer. Se reunieron en la mesa, rezaron y se escupieron en la cara. Pero en silencio, para no despertar a los ángeles, que los estaban mirando y necesitaban justificar su “santa” inutilidad. Entre, esto es maravilloso…le dijo alguien con expresión de perdición. Buscaban la luz. Estaba quietos. Todos eran un retazo de otro mejor vestido. De cabeza triangular y tranco esbelto, sentía que bajaba arrastrando todas las paredes de su interior, así la sustancia se hacia visible. Fueron días de relatividad y muchísimo humo. Los libros se caían de los estantes, las lenguas buscaban lenguas, las bocas quedaban duras como platos de porcelana. También hablaban de la muerte. Se consumió, así se confundió el humo con sus dedos. Y pensaron en ayer y en mañana, en las que no fueron, pero que serían. Eran hombres, tal cual seres inocentes, que con palabras querían encender las ventanas de los museos, colgar muñecos de papel en las calles y reírse de las autoridades. Eran chicos. Aún lo son. Hermosos. Plegaria de la muerte abandonada, búsqueda del alma acabada.
Será suerte. Es un simple texto escrito a cuatro manos. ¿Será suerte? ¿Ella sabrá qué sigue? Probablemente sí, pero ninguno aquí recordará qué era el mundo mientras esta línea tomaba forma. Y otro insomnio…aquel que le hace tocar el aire. Te amo. Esperaba…queriendo ver ese ropaje conocido, nunca llegaba. Después de una tarde de insolación, de bicicletas y perros, ella estaba allí. Era el zumbido. Necesitaba deslizarse, un juguete. De nada sirve el reproche. No iban a morir. O tal vez sí, pero más tarde. Debajo de la niebla. Iluminados. Otoño y angustia..
Será suerte. Es un simple texto escrito a cuatro manos. ¿Será suerte? ¿Ella sabrá qué sigue? Probablemente sí, pero ninguno aquí recordará qué era el mundo mientras esta línea tomaba forma. Y otro insomnio…aquel que le hace tocar el aire. Te amo. Esperaba…queriendo ver ese ropaje conocido, nunca llegaba. Después de una tarde de insolación, de bicicletas y perros, ella estaba allí. Era el zumbido. Necesitaba deslizarse, un juguete. De nada sirve el reproche. No iban a morir. O tal vez sí, pero más tarde. Debajo de la niebla. Iluminados. Otoño y angustia..
domingo, julio 16, 2006
Viveros subversivos
Los cactus invaden la ciudad. Traen consigo vientos desérticos y un puñado de hechizos chamanánicos. Los especialistas aseguran –con vehemencia y seriedad- que no es inocente su llegada. “La intención es diseminar pestes polidimensionales y agujerear los relojes”, apuró el doctor Francis Parlantópulos en una conferencia de prensa organizada por el CUNMEA (Centro Universitario Neo Mediático de Estudios Aplicables), a la cual asistieron sendos grupos de periodistas idóneos en el tema. Las verdades no se hicieron esperar. De inmediato los medios rebalsaron de comparaciones, infografías y gráficos, aptos para aquellos que no disponen de tiempo para salir de las imágenes. Las consideraciones de los doctos fueron totalmente ciertas. Al menos la gente así lo creyó y, en consecuencia, desplegó una encarnizada lucha contra las plantas hirsutas. Un espectáculo sensacional. Sólo comparable con la masacre de hamburguesas que se desató a principios de este siglo.
martes, julio 11, 2006
Rostro masticado
El recuerdo es prácticamente nulo. Un niñito parado cerca de la calle, una breve demostración de cariño. A un paso, la puerta triangular a la desolación. Fauces agrias que contaminan la belleza en sus albores. Leviatán inconsciente, violento en su impulso, instinto que estropea las carnes tibias. Un manojo de dientes que hincan un cráneo tierno. El ruido quedó sellado en su arrebato, veloz y estridente, grueso como el suspiro de un dragón. Los tejidos se desmembraron en sangre y baba.
lunes, julio 10, 2006
Sujetos
Una habitación blanca, con paredes blancas y camas blancas. No hay ventanas ni puertas. Adentro vive gente, a los gritos, que camina siguiendo una elipse triangular garabateada en el suelo.Cada tanto (sólo) por la noche desde el techo cae agua -también blanca- que quiebra el rostro de estos hombres que caminan. Es así que sus gritos se vuelven más agudos y sus uñas se convierten en cristal. Todos ellos saben que la muerte es áspera.
Como los sueños.
domingo, julio 09, 2006
Psicosis
El encuentro de la realidad y la ficción dispara situaciones problemáticas. Hubo una vez un niño que de niño jugaba a ser niño. Correteando entre las cortinas de su habitación pasaba horas arriesgando discursos que le pertenecían, que le eran cotidianos. Se sorprendía a sí mismo exigiendo juguetes y pan; o vistiendo ropa de colores primarios. Los márgenes de ese personaje no eran otros que los de la realidad, trabajados desde una ficción inexistente. Sus padres estaban azorados con este comportamiento, recibían a un niño que de niño no era niño. Se comentaba entre consultorios que las mismas reglas matemáticas podían anular el inconveniente mediante la figura de la doble negación. Los doctores querían demostrar que el niño, en realidad, nunca había aprendido a jugar. La idea era negar la posibilidad de ficción, con el argumento que allí sólo había un trabajo de realidades contextuadas, dentro del mismo plano de realidad. (A = B y A = C, entonces B = C). La ficción del niño es su realidad y su realidad es una ficción idéntica a su realidad. También hubo una propuesta que sostenía que el niño sí estaba jugando, pero a medias. Es decir, en el afán de jugar representaba a la figura que más a la mano tenía: a él mismo, haciendo de sí mismo. Un juego inacabado o limitado, según el otro grupo de doctos. Pero el niño se divertía en su representación y se esforzaba para hacerla perfecta. Modelo y pieza final como una misma pieza final. Bordes desdibujados; filo tautológico, desnutrido en comentarios. El niño reía, unívoco e incompleto.
lunes, junio 26, 2006
Ser feo
La piedra y el lobo, en su conjunción obvia. La arena que se construye en el tiempo aplasta y muerde la imposibilidad. Nadie vio a nadie, la noche se cerró en un encuentro casual que ciego cayó fulminado sobre clavos y huestes de la enajenación primera. La necesidad del adjetivo, la estética y sus derivados. La completa ausencia en pedacitos de papel que no pueden tocarse. Usted que lee estas líneas y el señor que las escribe. Lamentablemente no son la misma persona. No se odian, pero así parece. El que no entiende nada y el que lee, un poco en su espacio y en todos. Ahí se diluye como el agua, como la miel, como el café, como el sabor de un hueso que se quiebra y parte las calles. Son tierra rígida. Un sol pensado de cemento. La velocidad de la imaginación supera esa relatividad y una vez más accede a la primera puerta. Ajeno. Usted no es ese que sentado se acerca. Y el que escupe estas líneas redondea su final para no agobiar la tensión de su búsqueda sin final. Es tiempo de comprar tiempo. Eso dice el reloj.
martes, junio 20, 2006
Vanguardia desinflada
Caminos que se bifurcan en la denigrante existencia de un anciano pescador. Ficciones limitadas en un ser exiguo que juega al artista. Allí está, insostenible como una pequeña figura que se desvive en detalles que poca voluntad arrastran. Descree en la infinitud del pasado y profiere maldiciones, ambigüedades vacías de propuesta. Ningún invierno le contagia tristeza, apenas arrastra soledades de superficie y esquiva a las musas del tiempo, adulando el reinado de la discontinuidad. Son frases que cortan la búsqueda y las bibliotecas duermen incólumes a su paso. El mundo que pretende destruir es apenas un ínfimo charco de lodo que se reduce a un ápice de tabaco mal quemado. Efímero como el fuego se disipa en el viento, sin que nadie, jamás, alerte su llegada. Las maravillas continúan girando, ajenas al mal gusto y el desperdicio. He allí una clave, pequeño ser sin sueños, autor de textos nunca escritos, adulador del final superado, científico de tocador, soberbio ignorante del verso trabajado. Una simple mirada es el antónimo de tu legado repetido.
lunes, junio 12, 2006
Su precio
Encerrado entre paredes, el niño retrataba ilusiones en un retazo de tela. Pintarrajeaba palabras que parecidas a mapas tomaban la forma de un libro inédito. En cada línea se escondía un viaje inquieto por textos de todas las épocas. Griegos y romanos se enfrentaban en la búsqueda de un amor diáfano; mientras los bárbaros proponían poesías tatuadas con sangre derramada en indómitas guerras sin geografía ni naturalezas. También el sexo y las barbas, la oscuridad y las túnicas. Allí las imágenes, entre sus dedos de agua, fríos como el futuro incierto de sus sueños. Cientos de hojas color sepia llovían sobre su habitación húmeda, completa de cables y plásticos inertes. Eran proyecciones de cuerpos perfectos, vacíos de su presente, cincelados por sus propias frustraciones. Los dibujos caían de sus ojitos y se derramaban por los bordes últimos de sus propias limitaciones. Lejos estaban aquellos eruditos, ciegos de placeres, exactos como los relojes de las pasiones prohibidas. El final nadie lo vislumbró jamás. Agrietado en pequeñas parcelas de arena se inclinó ante el arribo de nuevas perspectivas. Destrucción y creación. Un nuevo texto y todos. Lo cotidiano, la inmundicia. Los insectos devoraron su creación para trocarla por metales. La habitación tembló y se desmoronó en silencio. Los dedos del artista ya estaban secos, aplastados por cascotes salvajes.
miércoles, junio 07, 2006
Uno que ve
En el infierno, una roca de hielo. Sobre ella duerme un niño que sueña con otro infierno. Su cuerpo se desdibuja entre manos violentas que lo abrazan, le acarician las mejillas con la tensión del último respiro. Entre vocablos inconexos se miente a sí mismo, quiere volar, pero también caminar. Es un vegetal azul que recrea metáforas solitarias, enumerando diamantes anteriores. Todo lo que ve es oro y tinieblas, ni un mínimo sendero intermedio. Su sueño no le permite descansar. Las creaciones son leyendas, horizontes inmediatos que se parten como el vidrio. El amo de ese averno lo observa en silencio, disfruta de su propia angustia. Lo mira desencajado, de pie sobre un árbol de fuego, mientras las llamas derriten los rasgos de su pasado. Luego despierta y una vez más enfrenta su infinitud. La maldición lo perfora con una canción simple: un susurro que le impone una seguridad indeseable.
lunes, mayo 22, 2006
Presente que atrasa
Se miró los pies y sentenció por lo bajo: -Este es mi último día aquí-. Avanzó hacia su casa y apretujó las llaves dentro de su puño hasta convertirlas en arena, que luego lanzó a los vientos. Su sangre se endureció y sus brazos se partieron como cristales de hielo azul. Sólo atinó a gritar hasta que su voz estalló en sal. Su garganta ardió, clavada en el bosque de sus penas. Su casa estaba en una ciudad, la ciudad en un continente, el continente en el mundo y el mundo en sus labios. Fue lo único que quedó de él.
domingo, mayo 14, 2006
Detrás de los espejos
Abrió su boca de persiana para absorber todo el sudor que goteaba desde el techo inmundo. In-mundo. Sub-mundo. El líquido ingresaba como aceite, brillante soporífero. En su densidad se derretían los placares invisibles que amueblaban el salón. Paredes rojas e incandescentes la encerraban, sofocantes, en la más absoluta oscuridad. La desgracia es indefectiblemente bella sentada detrás de un escritorio, descubriendo confines emocionales indómitos. Allí puede vomitar, cómoda. Como una catarsis de crueles aburrimientos y cuerpos desvencijados que se asoman en las últimas horas de niebla, próximos al desliz de un manojo de dedos viscosos que señalan las cercanías de una esfera impenetrable, absolutamente vacía, incinerada. Algunas imágenes las pensó, otras sencillamente aparecieron.
domingo, mayo 07, 2006
La agonía exacta
Eran sus ojos, húmedos y en soledad. El peso absoluto del mundo le partía la mirada. Eran sus pupilas, pequeñitas, imperfectas, aplastadas sobre un color de oscuros tormentos. Su boca tenía los bordes desdibujados, como un movimiento cansino que caía ondulándose. Debajo sucedía la rigidez. La empujaba el peligro de una extinción violenta, lejana de sueños inmediatos y ciudades de arroz desperdiciado. Estaban el ayer, el hoy y el mañana naufragando en una copa de bebida inmune, se insultaban a los gritos, uno sobre el otro, con sus voces azules sin ideología ni reflexión. Si aunque sea alguna palabra hubiera surcado esa niebla para iluminar la tristeza. Las palabras aparecieron después, cuando la noche se había robado sus formas.
martes, mayo 02, 2006
Diálogos solitarios
La luz enceguecía a los dos señores que se encontraban discutiendo acerca de sus desdichas, en una habitación con forma esférica que estaba provista de dos pequeños bancos que permitían sentarse cómodamente mientras sostenían un intrincado diálogo, en cual todo lo que se decía ya se había dicho antes. Ellos sólo repetían.
- ¿Siente?, preguntó Rolando
- Estoy un tanto enfermo, eso debe ser. Respondió Tomás luego de meditarlo un momento.
- ¿Qué esconde?, cuestionó casi gritando.
- Lo mismo que usted.
- ¿Cuál es su nombre? ¿Tiene nombre?, continuó Rolando con su interrogación.
- Si, Tomás. ¿Usted me conoce?
- Creo que sí. Sabrá disculparme, estoy asustado, nunca creí volver a verlo.
- Veo que aún conserva su sensible ingenuidad.
- ¿Usted no?
- No lo sé, hay que saber encontrar el momento para darse cuenta.
- ¿Dejará de mirarme algún día? Ya es insoportable, dijo Rolando.
- No. ¿Todavía cree que este lugar no existe?
- Me gustaría que no existiese, de ese modo podría morir de una vez.
- No se muera Rolando, usted sabe porqué se lo digo.
- No. No lo sé. No sé nada.
- Todavía hay mucho por hacer, dijo Tomás.
- Lo único que me consuela es haber llegado aquí. Mire… ¡Cuántos colores! ¡Cuántos sonidos! No entiendo… ¿Por qué ella no está aquí? ¿Acaso no es real?
- ¿Ella? ¿Quién sabe?
- Dígame Tomás. Cada día me cuesta más caminar, ya caso caigo en la tentación de esconderme nuevamente en la cúspide de la ilusiones.
- ¡Adelante! Si ese es sólo el problema… lo invito a retirarse, sentenció con ironía el señor Tomás.
- ¿Siente?, preguntó Rolando
- Estoy un tanto enfermo, eso debe ser. Respondió Tomás luego de meditarlo un momento.
- ¿Qué esconde?, cuestionó casi gritando.
- Lo mismo que usted.
- ¿Cuál es su nombre? ¿Tiene nombre?, continuó Rolando con su interrogación.
- Si, Tomás. ¿Usted me conoce?
- Creo que sí. Sabrá disculparme, estoy asustado, nunca creí volver a verlo.
- Veo que aún conserva su sensible ingenuidad.
- ¿Usted no?
- No lo sé, hay que saber encontrar el momento para darse cuenta.
- ¿Dejará de mirarme algún día? Ya es insoportable, dijo Rolando.
- No. ¿Todavía cree que este lugar no existe?
- Me gustaría que no existiese, de ese modo podría morir de una vez.
- No se muera Rolando, usted sabe porqué se lo digo.
- No. No lo sé. No sé nada.
- Todavía hay mucho por hacer, dijo Tomás.
- Lo único que me consuela es haber llegado aquí. Mire… ¡Cuántos colores! ¡Cuántos sonidos! No entiendo… ¿Por qué ella no está aquí? ¿Acaso no es real?
- ¿Ella? ¿Quién sabe?
- Dígame Tomás. Cada día me cuesta más caminar, ya caso caigo en la tentación de esconderme nuevamente en la cúspide de la ilusiones.
- ¡Adelante! Si ese es sólo el problema… lo invito a retirarse, sentenció con ironía el señor Tomás.
lunes, abril 17, 2006
Replegado allí
Es la mirada una invitación. Instante de brisa emocional para que la poesía delegue su necesidad en un futuro inmediato que se quiebra en lápices sin destino, falaces en su búsqueda, oscuros y soberanos. Palabras que se adueñan de un momento donde se respiran oquedades. Son ojos que se cierran y entienden que todo es muerte, incluso el placer de haber conocido cielos de sangre, palacios completos de mármol dibujado.
Son sus labios los que se deslizan por la soledad. Ahora es tiempo de construir un muro de pan y perderse tras los rastros de un momento, atrás. Hoy.
lunes, abril 03, 2006
Su hoy era pena
Estaba despedazado sobre una silla, babeando palabras de escasa inteligencia. A su alrededor quedaban pocas personas que acostumbradas a su presencia ni siquiera lo observaban. En algún punto lo entendían, el futuro arrastraba un tinte oscuro, pero por dentro estaban seguros de que no era tampoco cuestión de partirse el cráneo con el primer barco que se divisaba desde tierra. Principalmente cuando las manos aún no han formado callos y las uñas están rotas simplemente por la proyección de la ansiedad. Sus pies estaban atascados en una roca de vidrio. Sólo podía blasfemar y creer que su vanguardia era de envidiar.Así se acercaba a todos, así se proyectaba el resto.
lunes, marzo 27, 2006
Textos que oscuros
Me encuentro solo y pienso. Me paso los días pensando, navegando por mares indómitos en los que sólo encuentro interrogantes. En uno de mis periplos, casi sin querer, percibí frío y una risa sardónica que provenía de mí mismo. Era mi propia risa, burlándose de mí. Exageradamente. Pronto comprendí a que se debía aquel cuadro. Había encontrado una respuesta. No era una novedad, era la única solución posible, la única pieza que encajaba en el polvoriento rompecabezas de mi vida. La respuesta me miraba, con sus ojos transmitía mensajes. Comprendí el porqué de tantos años perdidos entre los laberintos más indulgentes y fieles. Tantos años desfigurándome entre letras, palabras y textos intrincados; extraviado entre pentagramas y colores y líneas e imágenes. Aquel era el rostro de mi amor, nítido, perfecto. Estaba ahí, indiferente. No puedo asegurar si era verdadero o ficticio, sólo estoy seguro que era ella. Sus ojos me sorprendían, esa mirada tenía una profundidad desconocida, me traspasaba.. Entonces pude entender, vislumbré nuevas formas y me ubiqué en un extremo distinto al de siempre, porque la verdad se me presentaba diáfana ante mi alma y mi corazón. Era el momento de la admisión. Ella no me quiere.
martes, marzo 21, 2006
La intrascendencia II
En cada retazo de mundo hay destellos suburbanos que intentan realzar la subjetividad. Papeles mal impresos que quedan atascados en las alcantarillas; semáforos desdibujados por bolígrafos de ocasión; ladrillos cincelados con las uñas y baldosas marcadas con esmalte barato. También hay mugre y computadoras recalentadas. Obviamente los mutantes siempre son mayoría y las pequeñas contraseñas ocultas se convierten en pasadizos encriptados. Aunque todo lleva una señal. Desde el cuerpo hasta la costura de un bolsillo invisible, alguien se atribuye alguna creación, lanza su cabellera al viento y eleva sus dedos hacia una fama autogestionada desde un podio inexistente. Son todos. Inutilizan sus pupilas y cierran su corazón al suburbio. Pierden la capacidad de sentir, se refugian en la ficción del movimiento y las luminarias. Que nadie les diga nada, que no pierda el tiempo, que no se acerque a la imagen de una ciudad desteñida y peligrosa. Aquello que se detiene es preferible que naufrague en un pocillo de café.
miércoles, marzo 08, 2006
Hombre de invierno

El desierto, su inmensidad. Montañas planas de arena se unen con el horizonte, indivisibles. El cielo es blanco, encandila, la temperatura forma sedimentos imposibles en el aire. En algún lugar inexacto está el hombre y una planta. En sus manos pende un frasco de cristal azul, completo de agua. Ambos seres se desdibujan en el calor de la arena. No hay destino, la extensión es laberíntica. Las hojas del vegetal se tuercen ante la sucesión de soles furiosos y frías noche universales. El hombre tiembla frente a sus delirios, aunque sabe que no está solo, la pequeña planta lo acompaña. Una gota de agua para cada uno, todos los días una gota, insuficiente cantidad para alcanzar vitalidad, pero al menos la muerte se mantiene distante, distante sí, también amenazante. Una gota, exigua, tibia y transparente. Sólo una gota para aquietar la aridez que avanza entre párpados invisibles. La percepción de lo interior y lo exterior es idéntica, monotonía y sacrificio en un espacio sin dioses que consuelen la congruencia. La planta, que nunca había proyectado sombra alguna, pierde el control y se entrega silenciosa a las llamas del desierto. El hombre se convierte en ceniza inmediatamente detrás. Sobre la arena sólo quedó el frasco azul, completo de agua.
lunes, febrero 27, 2006
La intrascendencia
Una pequeña línea y una luz, sobre la mesa de una habitación fría, opaca, perdidas en el azul de un silencio amenazante que aguarda impávido ante el avance indefectible del tiempo. Allí, girando, quietas, con la vista clavada en el suelo fallado. Todo alrededor son grietas y antigüedad indeseable, ciudades completas que regalan palabras, que apaciguan la curiosidad. La única sombra que se ve es la de una soga, pendiendo unánime desde las alturas. Tiene un nudo cilíndrico, extenso, probablemente cómodo. Y detrás está el hombre, oscuro y vacío. Aguarda la orden para lanzarse con valentía y jactarse de un acercamiento. Es su última estrategia, los artilugios se agotaron y sus ojos se secaron. Por dentro es una estatua, aunque se mueve por fuera. Exige su comodidad, sólo recibe su propio eco, su voz multiplicada dentro de su hueco interior. Es el momento, alguien lo apura sin empujar. Cuestión de códigos. Luego llegará alguna humorada para justificar aquello que se tropieza por desaparecer. Los párpados del niño se petrificaron al instante.
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