martes, marzo 21, 2006
La intrascendencia II
En cada retazo de mundo hay destellos suburbanos que intentan realzar la subjetividad. Papeles mal impresos que quedan atascados en las alcantarillas; semáforos desdibujados por bolígrafos de ocasión; ladrillos cincelados con las uñas y baldosas marcadas con esmalte barato. También hay mugre y computadoras recalentadas. Obviamente los mutantes siempre son mayoría y las pequeñas contraseñas ocultas se convierten en pasadizos encriptados. Aunque todo lleva una señal. Desde el cuerpo hasta la costura de un bolsillo invisible, alguien se atribuye alguna creación, lanza su cabellera al viento y eleva sus dedos hacia una fama autogestionada desde un podio inexistente. Son todos. Inutilizan sus pupilas y cierran su corazón al suburbio. Pierden la capacidad de sentir, se refugian en la ficción del movimiento y las luminarias. Que nadie les diga nada, que no pierda el tiempo, que no se acerque a la imagen de una ciudad desteñida y peligrosa. Aquello que se detiene es preferible que naufrague en un pocillo de café.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario