martes, agosto 08, 2006

Éramos dos

Yacía hundido, el ojo parpadeaba inútilmente. Nadie lo sabía, el enemigo era el menos probable. Un escalofrío llegaba a la garganta y le hacia escupir sequedad. Y así fue. Sucedían las figuras. Estaban en la antigua China. Nada lo inquietaría, en algún momento llegaría… allí, aquí, tal vez. Todos sabían que era usted. Igualmente seguían jugando esperando su llegada. En el mar había algas venenosas, era un océano indómito, un vómito, y un séquito de gente seca. Y que hacer?...salía…agitaba lo que tenía en su mano y explayaba su arte. Y ahora le toca escribir a ella. Inquietante, alguien le abriría la puerta o le daría lago de comer. Se reunieron en la mesa, rezaron y se escupieron en la cara. Pero en silencio, para no despertar a los ángeles, que los estaban mirando y necesitaban justificar su “santa” inutilidad. Entre, esto es maravilloso…le dijo alguien con expresión de perdición. Buscaban la luz. Estaba quietos. Todos eran un retazo de otro mejor vestido. De cabeza triangular y tranco esbelto, sentía que bajaba arrastrando todas las paredes de su interior, así la sustancia se hacia visible. Fueron días de relatividad y muchísimo humo. Los libros se caían de los estantes, las lenguas buscaban lenguas, las bocas quedaban duras como platos de porcelana. También hablaban de la muerte. Se consumió, así se confundió el humo con sus dedos. Y pensaron en ayer y en mañana, en las que no fueron, pero que serían. Eran hombres, tal cual seres inocentes, que con palabras querían encender las ventanas de los museos, colgar muñecos de papel en las calles y reírse de las autoridades. Eran chicos. Aún lo son. Hermosos. Plegaria de la muerte abandonada, búsqueda del alma acabada.

Será suerte. Es un simple texto escrito a cuatro manos. ¿Será suerte? ¿Ella sabrá qué sigue? Probablemente sí, pero ninguno aquí recordará qué era el mundo mientras esta línea tomaba forma. Y otro insomnio…aquel que le hace tocar el aire. Te amo. Esperaba…queriendo ver ese ropaje conocido, nunca llegaba. Después de una tarde de insolación, de bicicletas y perros, ella estaba allí. Era el zumbido. Necesitaba deslizarse, un juguete. De nada sirve el reproche. No iban a morir. O tal vez sí, pero más tarde. Debajo de la niebla. Iluminados. Otoño y angustia..

1 comentario:

Anónimo dijo...

DESEOS DE LEER SUS PALABRAS...
CUANDO SON CONSUMIDOS, BROTAN DE LOS OJOS PERDIDOS LAGRIMAS DE ANSIEDAD, SE DILATAN LAS FOSAS NASALES