sábado, marzo 17, 2007

El emesene

La ventana que nunca se enciende. Esa figurita gris inerte no se digna a cambiar de estado. De Estado. Los verdes están disponibles; el resto no tanto. O nada. Y la espera se prolonga, una espera que es completa cobardía. Es como un hombrecito asexuado que se presenta en forma de busto, a escala mínima. Y uno aquí, solo, mirando la pantalla como un imbécil; fumando en forma compulsiva y escribiendo nimiedades, para justificar la presencia; o por no asumir el aburrimiento. Es notable cómo se presenta la escasez de autoestima, porque recurrir a esta forma tan lejana… Uno nunca está tan ajeno de uno mismo que cuando usa este sistema: donde es muy fácil arruinarlo todo, donde los silencios dicen muchísimo, donde la indiferencia es comunicar la evidencia de que no sos imprescindible. ¿Cuándo invadir y cuando no? Hay códigos, y tan sencillos de romper: son sólo botoncitos. La respuesta trascendental llega en el inicio, saber quién encendió el rectángulo naranja que dice muchísimo más que hola. La tristeza del diálogo sin despedida y con sólo un dibujo como respuesta.

Fui el último en escribir.

La pregunta quedó colgada en una ventana muerta.

martes, marzo 13, 2007

Estás

Canciones, poemas incompletos. Las líneas de mis manos esbozan tu sonrisa, mientras aquí me desparramo incompleto por tus bordes ausentes. Pataleando en un vacío cotidiano, rodeado de papeles escritos a las apuradas. Líneas y líneas de recuerdos que redimensionan un pasado inmediato. Hasta el agua que bebo sabe a tu mirada. Estás, te veo, de pie bajo la lluvia. Perfecta.

domingo, marzo 11, 2007

Noche

Aquel muchachito de ropa gastada anoche susurraba al oído de la luna. Sonriente, dijo:

Son las pequeñas personas las que coinciden en la ideas más bellas. Y allí la tormenta. En tus labios. Son los días que no existo. Sólo recuerdo tu espalda a la distancia y avanzando por las calles soleadas de tu libertad, de mis mentiras. Nunca quise creer en el hombre, aunque lo incompleto siempre es fascinante. Mis manos, imperfectas, hacia las perspectiva de tus poemas. Sería imposible alcanzar tus exigencias; y por eso te amo.
Nadie respondió.