La piedra y el lobo, en su conjunción obvia. La arena que se construye en el tiempo aplasta y muerde la imposibilidad. Nadie vio a nadie, la noche se cerró en un encuentro casual que ciego cayó fulminado sobre clavos y huestes de la enajenación primera. La necesidad del adjetivo, la estética y sus derivados. La completa ausencia en pedacitos de papel que no pueden tocarse. Usted que lee estas líneas y el señor que las escribe. Lamentablemente no son la misma persona. No se odian, pero así parece. El que no entiende nada y el que lee, un poco en su espacio y en todos. Ahí se diluye como el agua, como la miel, como el café, como el sabor de un hueso que se quiebra y parte las calles. Son tierra rígida. Un sol pensado de cemento. La velocidad de la imaginación supera esa relatividad y una vez más accede a la primera puerta. Ajeno. Usted no es ese que sentado se acerca. Y el que escupe estas líneas redondea su final para no agobiar la tensión de su búsqueda sin final. Es tiempo de comprar tiempo. Eso dice el reloj.
lunes, junio 26, 2006
Ser feo
La piedra y el lobo, en su conjunción obvia. La arena que se construye en el tiempo aplasta y muerde la imposibilidad. Nadie vio a nadie, la noche se cerró en un encuentro casual que ciego cayó fulminado sobre clavos y huestes de la enajenación primera. La necesidad del adjetivo, la estética y sus derivados. La completa ausencia en pedacitos de papel que no pueden tocarse. Usted que lee estas líneas y el señor que las escribe. Lamentablemente no son la misma persona. No se odian, pero así parece. El que no entiende nada y el que lee, un poco en su espacio y en todos. Ahí se diluye como el agua, como la miel, como el café, como el sabor de un hueso que se quiebra y parte las calles. Son tierra rígida. Un sol pensado de cemento. La velocidad de la imaginación supera esa relatividad y una vez más accede a la primera puerta. Ajeno. Usted no es ese que sentado se acerca. Y el que escupe estas líneas redondea su final para no agobiar la tensión de su búsqueda sin final. Es tiempo de comprar tiempo. Eso dice el reloj.
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