domingo, septiembre 17, 2006

Escalera

La palabra escalera como una metáfora de la soledad. Desde la inquietud emocional se alzan porciones de suelo superpuestas, que convidan a los cuerpos hacia salas abandonadas, habitadas por soles de otoño y bandadas de palomas mugrientas. El ruido de los aleteos desvencija los muebles. Es un espacio irregular, aunque casi cuadrado, determinado por paredes mordidas por la hiedra. Hay una sola ventana, lúgubre, completa de vidrios biselados que conocieron años de elegancia. En un rincón arde una vela que proyecta sombras extensas, sombras de polvo, frías como el abrazo disuelto en el recuerdo. Un solo vocablo puede desgranar la habitación, pero nadie se atreve a pronunciarlo.

El sueño propuso su discurso: El diálogo entre la tormenta y la estatua comienza con verbos de humo que condicionan la entidad. Discuten acerca de cómo trabajar líneas, comentan que los espacios deben ser signos de dedicación.

domingo, septiembre 03, 2006

Fuego de agua

Soy lágrima. Una búsqueda sutil entre espacios que se han ensuciado. ¿Pueden los cuerpos extirpar el sonido final de este poema?. Simplemente quiero saber que estás ahí, en una habitación perdida en mi misma ciudad, sentada en una silla de mimbre, delgada como el papel. Postrado ante un fuego de hogar, mi cabecita no encuentra soluciones a todas las palabras que giran adentro de una taza de té solitaria. La cuchara se pierde en las sombras húmedas de un recuerdo inmediato. Sin sol, viajando hacia un canasto de verbos forzados que nunca lavan el último vacío. Si fuera la tierra un hilo de cobre entre nosotros, tal vez pueda encontrar también tu tristeza. Pero prefiero ser lágrima y ahogarme epiléptico entre árboles de telgopor. Mañana seré plegaria, un recuerdo mínimo. Las exigencias de la infancia me han abandonado, dónde se diluyó la pureza. Mi inocencia extinta entre respiros, allí.