Se miró los pies y sentenció por lo bajo: -Este es mi último día aquí-. Avanzó hacia su casa y apretujó las llaves dentro de su puño hasta convertirlas en arena, que luego lanzó a los vientos. Su sangre se endureció y sus brazos se partieron como cristales de hielo azul. Sólo atinó a gritar hasta que su voz estalló en sal. Su garganta ardió, clavada en el bosque de sus penas. Su casa estaba en una ciudad, la ciudad en un continente, el continente en el mundo y el mundo en sus labios. Fue lo único que quedó de él.
lunes, mayo 22, 2006
Presente que atrasa
Se miró los pies y sentenció por lo bajo: -Este es mi último día aquí-. Avanzó hacia su casa y apretujó las llaves dentro de su puño hasta convertirlas en arena, que luego lanzó a los vientos. Su sangre se endureció y sus brazos se partieron como cristales de hielo azul. Sólo atinó a gritar hasta que su voz estalló en sal. Su garganta ardió, clavada en el bosque de sus penas. Su casa estaba en una ciudad, la ciudad en un continente, el continente en el mundo y el mundo en sus labios. Fue lo único que quedó de él.
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