Una pequeña línea y una luz, sobre la mesa de una habitación fría, opaca, perdidas en el azul de un silencio amenazante que aguarda impávido ante el avance indefectible del tiempo. Allí, girando, quietas, con la vista clavada en el suelo fallado. Todo alrededor son grietas y antigüedad indeseable, ciudades completas que regalan palabras, que apaciguan la curiosidad. La única sombra que se ve es la de una soga, pendiendo unánime desde las alturas. Tiene un nudo cilíndrico, extenso, probablemente cómodo. Y detrás está el hombre, oscuro y vacío. Aguarda la orden para lanzarse con valentía y jactarse de un acercamiento. Es su última estrategia, los artilugios se agotaron y sus ojos se secaron. Por dentro es una estatua, aunque se mueve por fuera. Exige su comodidad, sólo recibe su propio eco, su voz multiplicada dentro de su hueco interior. Es el momento, alguien lo apura sin empujar. Cuestión de códigos. Luego llegará alguna humorada para justificar aquello que se tropieza por desaparecer. Los párpados del niño se petrificaron al instante.
lunes, febrero 27, 2006
La intrascendencia
Una pequeña línea y una luz, sobre la mesa de una habitación fría, opaca, perdidas en el azul de un silencio amenazante que aguarda impávido ante el avance indefectible del tiempo. Allí, girando, quietas, con la vista clavada en el suelo fallado. Todo alrededor son grietas y antigüedad indeseable, ciudades completas que regalan palabras, que apaciguan la curiosidad. La única sombra que se ve es la de una soga, pendiendo unánime desde las alturas. Tiene un nudo cilíndrico, extenso, probablemente cómodo. Y detrás está el hombre, oscuro y vacío. Aguarda la orden para lanzarse con valentía y jactarse de un acercamiento. Es su última estrategia, los artilugios se agotaron y sus ojos se secaron. Por dentro es una estatua, aunque se mueve por fuera. Exige su comodidad, sólo recibe su propio eco, su voz multiplicada dentro de su hueco interior. Es el momento, alguien lo apura sin empujar. Cuestión de códigos. Luego llegará alguna humorada para justificar aquello que se tropieza por desaparecer. Los párpados del niño se petrificaron al instante.
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