domingo, julio 09, 2006

Psicosis

El encuentro de la realidad y la ficción dispara situaciones problemáticas. Hubo una vez un niño que de niño jugaba a ser niño. Correteando entre las cortinas de su habitación pasaba horas arriesgando discursos que le pertenecían, que le eran cotidianos. Se sorprendía a sí mismo exigiendo juguetes y pan; o vistiendo ropa de colores primarios. Los márgenes de ese personaje no eran otros que los de la realidad, trabajados desde una ficción inexistente. Sus padres estaban azorados con este comportamiento, recibían a un niño que de niño no era niño. Se comentaba entre consultorios que las mismas reglas matemáticas podían anular el inconveniente mediante la figura de la doble negación. Los doctores querían demostrar que el niño, en realidad, nunca había aprendido a jugar. La idea era negar la posibilidad de ficción, con el argumento que allí sólo había un trabajo de realidades contextuadas, dentro del mismo plano de realidad. (A = B y A = C, entonces B = C). La ficción del niño es su realidad y su realidad es una ficción idéntica a su realidad. También hubo una propuesta que sostenía que el niño sí estaba jugando, pero a medias. Es decir, en el afán de jugar representaba a la figura que más a la mano tenía: a él mismo, haciendo de sí mismo. Un juego inacabado o limitado, según el otro grupo de doctos. Pero el niño se divertía en su representación y se esforzaba para hacerla perfecta. Modelo y pieza final como una misma pieza final. Bordes desdibujados; filo tautológico, desnutrido en comentarios. El niño reía, unívoco e incompleto.

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