El señor Gutiérrez ingresa a la ducha en busca de protección. No soporta la mugre invisible ni los olores ni la transpiración seca. Ubica la cara debajo de los hilos de agua y cree entender los dispositivos de manipulación feroz que accionan en la sociedad. Es un problema que tiene, lo microscópico es siempre su punto de partida, no consigue lecturas mayores al cuenco de una pipa. Mojado, busca una fibra entre la ropa limpia y escribe en los azulejos: “La humanidad es la organización más compleja que brinda la insatisfacción”. Letra grande y mayúscula, desprolija por ansioso.
Se queda mirando el agua, el ruido, la transparencia, los cambios mínimos de textura a lo largo del recorrido. Agua caliente adentro de la boca, debajo de los brazos, en la raya del culo, en los pies lejanos; la satisfacción del jabón, el pelo limpio. Los dedos arrugados le anuncian la necesidad de envolverse en una toalla. El agua deja de caer en un silencio repentino. Hay un instante de quietud, se abraza y clava la mirada en el piso, el pelo desgrana gotas que se pierden en sus labios y en la espalda.
- Si pudiera-, piensa. Es obsesivo, además. Exige una frase que se corresponda con cada experiencia, evade el silencio. El señor Gutiérrez está debilitado por sus propias limitaciones. Aún así toma la fibra y apura cinco palabras: se escribe los brazos y el vientre, escribe sin respirar. Escribe sexo y es conciente de que llegó tarde; escribe ella y entiende cuanto se desmerece. Escribe violencia y piensa en sí mismo; escribe amor, miedo y mañana. Es triste ver al señor Gutiérrez desnudo, con el cuerpo escrito, hecho un ovillo en la bañera. Tirita. No acepta quedarse a un lado de las sensaciones.
1 comentario:
Muy interesante!
Dejo mis saludos!
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