lunes, junio 09, 2008

La sinceridad

La verdad es un concepto complejo de definir. Existen distintos criterios que intentan una explicación. Hay quienes sostienen que la verdad es siempre relativa, lo cual es un camino sin salida: si la verdad es relativa no es necesario que exista como concepto. También está el criterio pragmatista, que apunta a su carácter práctico. Es verdad aquello que es funcional, el punto es saber a qué, a quién y porqué es funcional. Y el criterio correspondentista, que es la correspondencia del pensamiento con la realidad.

El más aceptado es el último, aunque también arrastra su buen cúmulo de críticas. ¿Cómo saber que algo se corresponde con la realidad cuando no se sabe qué es la realidad?. Aún así, la verdad tiene una carga subjetiva, especialmente en la construcción de las propias experiencias. En la verdad aplicada a uno mismo aparece lo que comúnmente se llama la sinceridad. Expresarse con sinceridad sería corresponder esa expresión con los sentimientos. Un gesto de tristeza en un momento angustiante es sinceridad. Una sonrisa ubicada en lugar de una escupida en el ojo es hipocresía.

La sinceridad es evidente en su ausencia. Es notable cuando durante un diálogo se resbala una señal desprovista de sinceridad. Es casi una experiencia musical, la mentira tiene un tono característico, un gesto típico; distinto para cada persona pero identificable en términos estadísticos. Causa-consecuencia. Causa: hipocresía. Consecuencia: gestualidad y expresión modificadas. Hay personas que pestañean; otras aflautan la voz; desvían la mirada; se tocan el pelo; encojen levemente los hombros; construyen un silencio imperceptible. La hipocresía se manifiesta por reemplazo. Y se nota, aun cuando no conocemos a la persona.

¿Qué es lo que genera desconfianza, cuál es la señal definitiva que anuncia la falta de sinceridad? No todo pestañeo es hipocresía. Hay algo más en esa expresión. Habría que descubrirlo para controlarlo. Matematizarlo. La posibilidad de apagar esas expresiones en el discurso cotidiano, incluso en situaciones extremas, significaría conseguir una credibilidad absoluta. Al fin de cuentas, sólo uno mismo es testigo real de sus sentimientos. No habría forma alguna de que un tercero indague o extraiga conclusiones de aquello que uno prefiere ocultar. La sinceridad es una actividad íntima.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Edna cree que usted es un chamuyero...

Anónimo dijo...

Subi algo que alguna vez me pasaste...