lunes, octubre 06, 2008
El té
Es fascinante, las hebras expulsan sabores sutiles. El agua hirviendo que las envuelve y las ablanda. El té supone una pausa por cuestiones de temperatura. Es un proceso breve, también una sucesión de secretos. Una taza. Las hebras. El agua. El éxito depende del manejo de los tiempos; el té descansa y en ese descanso aparece un punto de perfección. Algunas crónicas señalan que su origen está en la India, luego fueron los misioneros budistas quienes se encargaron de convidarlo a lo largo de Oriente. Otras crónicas aseguran que su descubrimiento fue por casualidad: un emperador chino revisaba unos escritos debajo de una planta, y una hoja cayó adentro de su vasijita con agua. El color ambarino del líquido le llamó la atención, primero investigó su aroma, luego bebió. Cerró los ojos y lo imaginó caliente, encerrado en un jarrón de finísima porcelana. Imaginó los paisajes que dibujaría en el jarrón, imaginó un atardecer anaranjado y una conversación. Imaginó una muchacha de pelo castaño. Con el correr de los siglos las hebras quedaron encerradas en saquitos simétricos. El ritual en occidente se convirtió en una infusión matemática e insípida que se practica del modo más desprolijo. Es sólo un adverbio de tiempo, que señala el preludio del anochecer.
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1 comentario:
hola Fava muy bueno su blog jajaja
Me gustaría que se pasen por el nuestro:La Guitarra en La Ventana
Saludos a Salvo!!!
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