Ahora pienso en mis párpados y los encuentro arrugados, desaparecidos sobre el borde superior. Suben y bajan a una velocidad atroz sin más empuje que un reflejo imperceptible, una maquinaria en movimiento constante. Arriba. Abajo. Jamás interrumpen. Ahora los despliego, ocultan mis pupilas; enfoco hacia la luz en busca de algún misterio, de alguna falla. Están ahí, pero en breve van a desaparecer, siempre gana el olvido.
Los párpados son imprescindibles
para dormir
para besar
para escuchar.
Los párpados viajan en silencio y advierten un momento de placer.
Desplegados también protegen del miedo.
Encogidos interrumpen progresivamente la oscuridad.
1 comentario:
Con sueño, quedan sin fuerza y finalmente, se caen.
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