Es imposible caminar más de cien metros en la ciudad sin toparse con un estímulo publicitario. Sólo en los barrios residenciales, los más caros, hay una suerte de tranquilidad visual –la publicidad contemporánea es inminentemente visual- que de tanto en tanto se quiebra con la aparición de algún volante/panfleto/folleto/tríptico/iman/revista/tarjeta. Sin pedir permiso, un ejército de jóvenes repartidores desliza publicidad en los buzones, por debajo de las puertas o la incrusta en la ventanilla de los autos. Nadie escapa al ataque de los mercaderes.
La publicidad es un intento de dominación. Busca convencer que determinado producto es la máxima maravilla del universo. Su objetivo es instaurar una necesidad de consumo, la estrategia es obvia. La consigna número uno es trabajar un discurso que presente una única interpretación. “Esto es lo mejor, lo que usted necesita”. El producto en primer plano y a vender. Nada más.
Actualmente se intenta disfrazar los fines con imágenes proto-surrealistas que simulan un proceso artístico y creativo, pero el objetivo es exactamente el mismo. Buscan presentar el producto de un modo difuso, parece que el receptor tiene que (debe – imperativo categórico) construir mentalmente lo que tiene que comprar. Es notable, sólo importan las consecuencias (beneficios) de la adquisición.
- Gaseosas para conquistar mujeres
- Jabones en polvo que te convierten en la mejor ama de casa del barrio
- Pastas de dientes que te lanzan a la popularidad
- Desodorantes que te exhiben las virtudes de no ser mujer
- Famosos que te ordenan seguir los cánones de sus gustos
Los tiempos cambian. Las estrategias para convencer conforman una de las industrias más rentables. Inventar un concepto es inventar un producto. Un slogan efectivo puede significar millones. Y lo más importante: el cliente nunca debe tener la última palabra. La publicidad exige obediencia.
2 comentarios:
esto me esta obligando a comentarte...
pues para mí, éste es olvidable.
lo que no es olvidable es el nick de la que comenta acá arriba. otro blog más. y van...
ya casi puedo anticipar cuál será la causa de mi muerte.
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