lunes, mayo 19, 2008

La droga

Según leyendas urbanas, un par de zapatillas colgado en un cable de luz significa que cerca de allí alguien vende droga. Me enteré en una peluquería, dos personas hablaban sobre la droga. La ubicaban como advertencia de peligro inminente, evidencia de inseguridad, sinónimo de todos los males que aquejan a la humanidad.

- Y en las verdulerías que están abiertas todo el día y toda la noche, también. Venden droga-, dijo […].
- Seguro-, respondió (…).

Droga. Sustantivo, femenino, singular.

- Los chicos que salen a robar están todos drogados-, dijo […]
- Toman droga para perder la conciencia, después le pegan a los viejitos. A esos mocosos, que dios me perdone, habría que…-, agregó (…)

La palabra droga aparecía a cada rato en el diálogo. Yo escuchaba mientras la peluquera me preguntaba sobre la extensión de las patillas. Trataba de construir la imagen que estas personas tienen sobre el concepto droga, pero no logré nada coherente. ¿Se imaginarán algo así como una bola de plastilina amarilla que regalan en los pasillos de las villas miserias? ¿Una jeringa?. Estuve tentado de preguntar, pero no quería entrometerme. Hay situaciones de las que es muy difícil salir luego.

Traté de imaginar también cómo estas dos personas imaginan el momento en el que un supuesto drogadicto llega a esa supuesta verdulería a comprar droga. Droga. Droga. Droga.

Posibilidad 1:

- Hola. Déme Droga.
- ¿Cuánto quiere?
- Mucha.
- Sírvase.

Posibilidad 2:

- Hola ¿Tiene Droga?
- Sí, pero no le cuente a la policía.

Posibilidad 3:

- Usted. ¡Véndame droga!
- Bueno está bien. ¿De cuál quiere?
- De la que me hace golpear viejitos.
- Aquí tiene.

(En todos los casos, el falso verdulero ofrece un misterioso paquetito lleno de droga. Y el cliente se pierde en la noche en busca de algún lugar para consumirla).

La droga es, socialmente, un comodín. Puede incrustarse en cualquier opinión para legitimar razonamientos incompletos. Los problemas quedan justificados y resueltos con la aparición de la droga: única responsable de las injusticias, la marginalidad y la ignorancia. Es un reduccionismo doblemente salvaje, porque además de equivocado se sostiene en un concepto vacío, en una palabra a la cual se le asignan significados difusos. La falta de argumentos es una de las peores formas de autoritarismo. Tal vez la única.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ja, es verdad, muy bueno lo que decís, es así.

viruta dijo...

acá en este 'segundito' la cosa viene queriendo. las posibilidades 1 2 y 3 tienen un noséqué tragicómico que engancha - por esto de la risotada que necesito a diario para sobrevivir mis penas. tras cartón, un parate abrupto. la risa que se me atora en la gola a causa de la reflexión final y casi expiro. (demasiado temprano a mis escasos 55, pienso).

gran giro, gran.