La casa de Lucía era mi casa. Mi primo no era mi primo; y tenía la boca llena de cucarachas. Le caminaban por el cuello y se introducían debajo de la ropa. Eso fue lo único que me quedó registrado del sueño espantoso de anoche. Ni bien me desperté recordaba detalles y tiempos de la narración. Luego muy poco. Sólo las cucarachas, la casa que no era la casa que conozco y mi primo, que no era mi primo.
Me desperté levemente sobresaltado, incluso con un poco de miedo. Tenía frío y ganas de ir al baño. Estaba incómodo. Tuve que salir de la cama y atravesar todo el departamento descalzo, el piso helado, la sala en silencio. En el trayecto las imágenes aún estaban frescas en mi memoria, y en segundos desaparecieron, se diluyeron de un modo absoluto. Me esforcé, casi por capricho. Imposible. No quedó registro alguno.
La mente nunca está quieta. Cuando uno está despierto decodifica la realidad, dibuja interpretaciones -brillantes o despreciables-, se comunica; en fin, utiliza su capacidad intelectual. Cuando uno está durmiendo también, aunque de modo inconsciente. Es un funcionamiento distinto. Las actividades mentales suceden, en distintos planos, sin interrupciones. Muy pocas quedan registradas.
Las matemáticas entienden la nada como un conjunto vacío, que se representa con el número cero [0]. Para la física, es el fragmento de espacio que no contiene materia. La filosofía empuja el problema hacia los márgenes de la lingüística: la nada existe en tanto existe el hombre. Pero la mente no conoce la nada. La nada mental es un hueco que produce el olvido. O la muerte.
El olvido masticó en segundos los recuerdos que sobrevivieron de mi sueño. Sospecho que todavía existen en algún espacio ahora inaccesible. Sospecho también que es mínimo el control que tengo de mi propio universo mental. Si los recuerdos se imprimen en relación directa con la carga emocional de las experiencias, las técnicas de asociación son un modo de agregarle valor a aquello que por conveniencia preferimos recordar, aun cuando es insignificante. En este caso ni siquiera tengo la posibilidad de la asociación. No tengo qué recordar.
2 comentarios:
no tienen carga emocional?
Una larga metáfora del insomnio...
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