El ahorro es el resultado de gastar menos que lo que ingresa. Esa suma se ubica dentro de una caja, un cerdo de porcelana o una lata de chocolatada en polvo; allí descansa impávida, y sólo varía su valor de acuerdo con los sucesos políticos y económicos del mundo. También hay instituciones privadas y estatales dispuestas a recibir ahorros, convertirlos en créditos y luego exigir intereses. El viejo truco de especular.
Quien especula no ahorra, allí detrás hay un intrincado mapa de acción (te presto, me devolvés, te cobro, te vuelvo a prestar). El verdadero ahorrista es el que olvida. Ahorrar es abandonar. Acumular es desconocer, desentenderse, hasta en los casos que lo acumulado se multiplica. Sobran los ejemplos de personas que tienen grandes fortunas en sus cajas bancarias pero viven rodeados de límites, no recuerdan que tienen la posibilidad de ejercer la tranquilidad e incluso el lujo.
Tal vez el problema esté relacionado con la educación o las costumbres: hay una cultura generalizada de ahorrar en lugar de producir. Algo cercano al temor. Es difícil de entender a las personas que mueren con grandes sumas de dinero ocultas en sus cuentas. Ese dinero está tapando un vacío. Se guarda para conseguir un interés. El sistema bancario ha encontrado la palabra exacta. Construir un sistema para acumular es negar líneas de expresión. Producir es expresarse, estar en movimiento. La motivación deviene en interés, por propia naturaleza. El interés bancario, entonces, viene a reemplazar la falta de motivación.
Mucho más simpático es quien no ahorra y se embarca en inversiones delirantes, proyectos imposibles y sin rentabilidad. O que simplemente gasta. Fracase o no, conciente o inconcientemente, emprende una aventura. ¿Qué hubiera pasado si los Curie, o los hermanos Wright, se hubieran dedicado a guardar su dinero?. Esas personas no conciben a la riqueza como concepto. Se alejan del valor social. Un privilegio de pocos, que prefieren no olvidarse de sí mismos.
2 comentarios:
Edna es re amiga del sr. Gutierrez
resaltador amarillo flúo para 'un cerdo de porcelana' y desde luego para la moraleja.
si si, ya sé: muy temprano para un sábado a punto de caramelo, aunque la lluvia venga marchando.
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