martes, marzo 25, 2008

La equivocación

Me despierta el teléfono. No sé hace cuanto suena, el sonido aparece entre un silencio difuso. Prefiero no atender y seguir durmiendo, pero es imposible. Escucho el sonido con una claridad absoluta; le encuentro matices que nunca había escuchado. Quiero que se calle, me está alterando. Decido levantarme. Me acerco en calzoncillos y a los dos pasos el timbre desaparece de corte. Sigo caminando entre la oscuridad. Si es importante va a volver a sonar. Me siento al lado del teléfono. Treinta segundos. No suena. Vuelvo a la cama sabiendo que ya no voy a poder dormir; tengo sueño liviano, además ya es momento de levantarme e ir en busca de algo para cenar. La cama está perfecta. Me duermo. El teléfono vuelve a sonar.

Me levanto sin vacilar y atiendo, sentí un dejo de fastidio en la lejanía.

- Hola
- Hola. ¿Hotel rrrrrrrr?
- No, equivocado

En el trayecto que hace el tubo hasta el cuerpo del teléfono escucho que la voz dice cosas. Es un hombre, voz aflautada. Treinta y ocho años, cuarenta y cinco a lo sumo.

Vuelve a sonar. Ya sé lo que me espera.

- Hola (enérgico)
- (respiración)
- Hola (fastidio)
- Hola ¿Hotel rrrrrrrr? (dubitativo)

Corté. Me doy cuenta que cometí una equivocación. Vuelve a sonar.

- Hola
- Hola, disculpame. ¿Este es el número del Hotel rrrrrrrr?
- No, es el número de mi casa.
- ¿Este es el 1111111?
- Sí, pero no es el Hotel rrrrrrrr.
- Disculpame.

Regreso a la cama con un poco de frío en el cuerpo. Me tapo y me quedo despierto mirando el techo. Reviso mentalmente la heladera y las alacenas. Huevos, queso, una lata de paté. No hay recetas tentadoras con esos productos. A la tarde comí pan rico con queso crema. Siento el cuerpo como si estuviera lleno de algodón mojado. Quiero comer algo fresco. Puede ser una manzana, una pera, un racimo de uvas. Una cerveza bien fría. Totalmente decidido. Es sólo cuestión de caminar hasta el almacén; son menos de 50 metros y compro todo. La noche está templada, se puede ir en remera y zapatillas sin medias. Vuelve a sonar.

- Hola

Siento que respiran, que quieren hablar. Reconozco la respiración. Cortan abruptamente.

Me siento nuevamente al lado del teléfono. No entiendo qué necesidad tiene este muchacho de insistir llamando a un número que no corresponde con el destino que quiere ubicar. Está marcando coordenadas correctas, pero que no conducen donde él quiere dirigirse: no es el camino, aunque sea el único que conozca. Es matemáticamente erróneo. Pero es testarudo, insiste. Sabe que está mal y no quiere darse por vencido. Tal vez está esperando que yo vaya hasta el Hotel rrrrrrrr y le reserve una habitación doble con desayuno. Lo dudo. De todos modos, no es extraña su actitud, es común encontrar gente que pretende resultados distintos aplicando siempre la misma metodología. Las equivocaciones son consecuencia de un error en el proceso. Si el proceso se repite, regresa el error. Hay quienes no cambian el proceso y exigen resultados distintos. Es una actitud que supera la necedad. Es violencia.

En la cocina hay menos de lo que pensaba. El queso es sólo un pedazo de cáscara; y la lata de paté es lo menos tentador que he visto en los últimos años. Por suerte ya tengo el menú definido. Me encanta la fruta. Con cinco pesos es suficiente. Me calzo un pantalón, también zapatillas. Vuelve a sonar.

- Hola
- Hola, disculpame ¿Este es el número del Hotel rrrrrrrr?
- No señor. No es. Por quinta vez. ¿Cómo se lo tengo que decir?
- Pero yo tengo este número.
- Tiene mal el dato. Esta es mi casa, no puede usted dormir acá. No entramos, es un monoambiente.
- ¿Me estás tomando el pelo?
- No, sólo quiero que deje de llamar a mi casa. Déjeme ejercer mi libertad. Quiero bajar a comprar uvas, una manzana y una pera. Quiero cenar.
- Tiene razón. Disculpe. Ahora… ¿Le molesta tanto atender el teléfono?
- Usted es más de lo que pensé.
- ¿Más qué?
- Estúpido
- Quiero comunicarme con el Hotel rrrrrrrr. Sólo eso. Usted es un maleducado.
- ¿Hace falta decir algo más? Tengo hambre.
- (respiración) Tiene razón, disculpe.

Cierro la puerta con llave y me lanzo a la calle. El almacén está cerrando, llego justo.
La manzana está un poco arenosa. Las uvas, deliciosas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pobre tipo el que llamaba. Yo, ante su insistencia, le hubiera dicho que era el Hotel rrrrrrrr y le tomaba la reserva.
Detesto las malditas manzanas arenosas.

Saludos!

Anónimo dijo...

Si es violento o no, no sé. Pero que, hacerlo de vez en cuando, sería divertido, seguro. Además es "ante la insistencia", no de primer momento.

Por Celine... sobre gustos no hay nada escrito.

Bye!