El sonido del teléfono estalló en la oquedad de la cocina. El fuego estaba encendido para calentar un poco de sopa. El pan, de hace dos o tres días, aguardaba opaco sobre un plato de madera. Y había un cuchillo, de serruchito, apoyado una servilleta de tela verde. Mejor no atender. Las ventanas se empañaban por la diferencia de temperaturas; afuera la noche se asomaba helada, como un cadáver abandonado. La luz era amarilla y formaba una sombra extensa sobre el teléfono, que no paraba de sonar. El resto de la casa estaba a oscuras, como siempre a esa hora. Otra vez silencio. Sólo el viento que golpea las ventanas. La sopa aún estaba tibia cuando la puerta de esa cocina se cerró para siempre.
lunes, noviembre 20, 2006
Furia
El sonido del teléfono estalló en la oquedad de la cocina. El fuego estaba encendido para calentar un poco de sopa. El pan, de hace dos o tres días, aguardaba opaco sobre un plato de madera. Y había un cuchillo, de serruchito, apoyado una servilleta de tela verde. Mejor no atender. Las ventanas se empañaban por la diferencia de temperaturas; afuera la noche se asomaba helada, como un cadáver abandonado. La luz era amarilla y formaba una sombra extensa sobre el teléfono, que no paraba de sonar. El resto de la casa estaba a oscuras, como siempre a esa hora. Otra vez silencio. Sólo el viento que golpea las ventanas. La sopa aún estaba tibia cuando la puerta de esa cocina se cerró para siempre.
domingo, octubre 29, 2006
Pinceles
Pintar frutas parece un ejercicio conmovedor. Especialmente cuando se intenta con cada movimiento ocultar la angustia que provoca el desencuentro, la negación, la frustración y la ceguera.En las calles vibra ahora una voz gruesa que escupe rimas caprichosas. ¿Los bandoneones se ahogaron en su propia melancolía? El camino a la apatía probablemente supere las quejas de algunos intelectuales. Pero no hay que buscar más discusiones. Los círculos son en realidad espirales.Los datos caen falazmente mientras las lenguas se mezclan, todas, en una sola. Los triángulos rotos presagian el silencio y la libertad.
lunes, octubre 16, 2006
Disfraz
Bendita ventana que me ofrece el vacío, en su hueco esencial. Mis piernas temblando, a un movimiento de la caída. Es la distancia entre el viento y el suelo pétreo, como búsqueda hacia el adjetivo perfecto. Aunque la claridad de la música sostiene la angustia un instante más. Dejar esta obra inconclusa no tiene sentido. Gracias Piazzolla, Spinetta y Borges. Gracias Berni, gracias ciudad. Gracias por abandonarme y arrojarme al lodo de las veredas soleadas. En aquella humedad encuentro mis pies olvidados en la comodidad. Las sentencias de los incomprendidos son la máxima inspiración dentro de esta sucesión de ambientes sin criterio. En el próximo bloque alguien venderá un producto y su dignidad al mismo tiempo. Yo no quiero estar allí. Esos ojos verdes sólo invitan al disfraz. Insisto, prefiero ser lágrima y nacer en la posibilidad, en tu canción, en tu abrazo.
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