domingo, febrero 24, 2008

La noche

Los perros que ladran a la noche están tristes. Ladran en busca de alguna respuesta. ¿Qué pasa perrito? ¿Qué son todos esos puntitos de luz que flotan ahí arriba? Son estrellas. Las mismas que miraba Heráclito de Éfeso y Pitágoras y Leonardo Da Vinci. Las mismas que sirvieron de inspiración a Galileo, ese italiano loco que dijo alguna vez que la tierra se mueve alrededor del sol. ¿Sabías perrito que el cielo no se termina nunca? Que podés mirar y mirar y mirar y mirar… y dejar que el tiempo pase. No te sientas solo. El sol se fue, se escondió. Silenciosamente se paró detrás de la luna para darle luz. Pero va a volver. Vuelve todos los días, con una puntualidad cronométrica, aunque en invierno tarda un poco más en aparecer, seguramente porque está cansado, o porque tiene frío. Cada estrella que hay en el cielo es un sol, uno gigante, enorme, imposible de medir con una regla de esas que los nenes llevan al colegio. Tienen miles de kilómetros de extensión. Millones… tantos que los dedos no alcanzan para saber cuántos son exactamente. Las estrellas también se apagan, como los leños de una chimenea. Son bolas de fuego incandescente que cuando se hacen viejitas desaparecen. Igual que nosotros. El tiempo nos arruga, nos aclara el pelo y nos absorbe. No estés triste perrito. El cielo es tuyo y mío, y de mis amigos y de tus amigos. Y de nadie. Y de todos. No entendés una sola palabra de lo que te digo ¿verdad?. Yo te digo luna y vos apenas escuchas un ruido. Te escribo este pequeño poema y vos seguís triste. Es probable que todos estemos un poco tristes. Sólo que los humanos no ladramos. Algunos lloran, revuelven los recuerdos de viejos tiempos en busca de alguna respuesta. Como si le quedara allí algo por saber. Probablemente sea así. Pero prefiero pensar que todo se resuelve en el presente. Tu problema, perrito solitario, es la falta de cariño. El problema de los humanos es exactamente el mismo. ¿Puedo ladrar al lado tuyo? ¿Me prestás alguna estrella? Seguro que las conocés todas. Estoy en busca de una estrella, pero hay tantas… me gustaría conocerlas a todas, como vos. ¿Me ayudas perrito? ¿Me ayudas? Yo también estoy solo. Y triste. Es de noche. Te escuché ladrar y vine para acá, no podía dormir. Por suerte te encontré.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

``Yo te digo luna y vos apenas escuchás un ruido´´ ... No sólo los receptores perros.

Me gustó el del colectivo. Saludos

Anónimo dijo...

"Lo único permanente es el cambio".
Después de mucho analizar, este fin de semana tomé la decisión. No podía seguir así. Su imagen y pensar en él dictaban todos mis pasos a seguir, influían en mis actos. Si lo llamaba y me atendía con buena onda, entonces yo me quedaba contenta. Si, por el contrario, era medio seco en la conversación, mi cabeza creaba pensamientos desagradables: "Debo ser una pesada", o... "Me quería sacar de encima". ¡BASTA! Hoy lo fui a ver. Mi punto de encuentro: Funes y San Lorenzo. Hablamos. Nos contamos las novedades y después le dije que "lo sabía" y que concluía una etapa en mi vida para comenzar una nueva. Le entregué Historia Clínica de Eduardo Galeano cómo símbolo de mi decisión. No quería seguir teniendo ese trozo de papel en mi billetera. "Estás irresistible", tenía que decírselo. Fueron mis últimas palabras. Me fui. ADIOS. Cambié de etapa. Seguiré adelante.

Esto va por todo lo que no comenté en el verano. JAJA.

Saludos

Paula

Anónimo dijo...

El link del post anterior está mal =(