Migajas de un ser que apenas puede cantar. Eran cenizas de aquello que se pierde en el tiempo y se desdibuja en la memoria detrás de promesas estúpidas y máscaras falaces que presentan rasgos de lo que nunca fue o que se oculta tras un velo de hiriente estancamiento.
La insatisfacción de llegar al lugar equivocado y encontrar un manojo de dedos desperdiciados que sostienen un vaso semi-vacío y lleno de frustraciones. Una lágrima mental pide una vez más el triste refugio de la dignidad. Una vez más la soledad de un abrazo frío que sólo sirve para ver un suelo artificial.
¿Dónde quedó el poema sinfónico que alguna vez le dio forma al sueño?. Probablemente dejó de existir. Los pasillos se convirtieron en piedras impenetrables. Ya nada puede hacerse.
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