domingo, octubre 29, 2006

Pinceles

Pintar frutas parece un ejercicio conmovedor. Especialmente cuando se intenta con cada movimiento ocultar la angustia que provoca el desencuentro, la negación, la frustración y la ceguera.En las calles vibra ahora una voz gruesa que escupe rimas caprichosas. ¿Los bandoneones se ahogaron en su propia melancolía? El camino a la apatía probablemente supere las quejas de algunos intelectuales. Pero no hay que buscar más discusiones. Los círculos son en realidad espirales.Los datos caen falazmente mientras las lenguas se mezclan, todas, en una sola. Los triángulos rotos presagian el silencio y la libertad.

lunes, octubre 16, 2006

Disfraz

Bendita ventana que me ofrece el vacío, en su hueco esencial. Mis piernas temblando, a un movimiento de la caída. Es la distancia entre el viento y el suelo pétreo, como búsqueda hacia el adjetivo perfecto. Aunque la claridad de la música sostiene la angustia un instante más. Dejar esta obra inconclusa no tiene sentido. Gracias Piazzolla, Spinetta y Borges. Gracias Berni, gracias ciudad. Gracias por abandonarme y arrojarme al lodo de las veredas soleadas. En aquella humedad encuentro mis pies olvidados en la comodidad. Las sentencias de los incomprendidos son la máxima inspiración dentro de esta sucesión de ambientes sin criterio. En el próximo bloque alguien venderá un producto y su dignidad al mismo tiempo. Yo no quiero estar allí. Esos ojos verdes sólo invitan al disfraz. Insisto, prefiero ser lágrima y nacer en la posibilidad, en tu canción, en tu abrazo.

domingo, septiembre 17, 2006

Escalera

La palabra escalera como una metáfora de la soledad. Desde la inquietud emocional se alzan porciones de suelo superpuestas, que convidan a los cuerpos hacia salas abandonadas, habitadas por soles de otoño y bandadas de palomas mugrientas. El ruido de los aleteos desvencija los muebles. Es un espacio irregular, aunque casi cuadrado, determinado por paredes mordidas por la hiedra. Hay una sola ventana, lúgubre, completa de vidrios biselados que conocieron años de elegancia. En un rincón arde una vela que proyecta sombras extensas, sombras de polvo, frías como el abrazo disuelto en el recuerdo. Un solo vocablo puede desgranar la habitación, pero nadie se atreve a pronunciarlo.

El sueño propuso su discurso: El diálogo entre la tormenta y la estatua comienza con verbos de humo que condicionan la entidad. Discuten acerca de cómo trabajar líneas, comentan que los espacios deben ser signos de dedicación.