No es cuestión de llenarse los puños de palabras y salir corriendo a la calle a coser bocas con aguja e hilo. Si algún insolente se adjudica la receta para curar la soledad, seguramente tiene un pie atascado en la emboscada del primer renglón.
El embustero así lo pronunció en su discurso de principiante. Con sus palabras pretendía adueñarse de todos los desiertos; los orientales y los occidentales. Allí está, sentado en medio de un patio construido bajo baldosas de dos colores idénticos. Habla y come frutas exóticas. Bebe del mejor elixir y se jacta de ser un cuadrúpedo.
Sólo habla de repeticiones y que nadie se anima a más. Sus ojos no tienen brillo y se olvida de la continuidad.
martes, agosto 30, 2005
lunes, agosto 08, 2005
Hoguera de verdades
Canciones mudas de un destino paralelo. Una comparación mínima del quiebre grave e indiferente. Perplejidad. La exclusión del estímulo perverso alejó las manos del infinito. La fuerza, endeble en la mirada, resbaló y se partió en el suelo, como un espejo de hielo. Sólo trizas quedan de aquellos versos que ahora se retuercen entre sogas húmedas.
Las uñas se hunden en la piel de una imagen futura. Sangran, como la boca de un niño infiel que con un llanto susurra en los oídos del verdugo. Presentimientos de orgullo. Encuentros desagradables. Mentiras inconexas y estúpidas.
Cálculos inexactos de una figura estable, bien parecida a una alimaña.
La lentitud sólo es un juego gramatical.
Las uñas se hunden en la piel de una imagen futura. Sangran, como la boca de un niño infiel que con un llanto susurra en los oídos del verdugo. Presentimientos de orgullo. Encuentros desagradables. Mentiras inconexas y estúpidas.
Cálculos inexactos de una figura estable, bien parecida a una alimaña.
La lentitud sólo es un juego gramatical.
domingo, julio 31, 2005
Pluma negra
Debajo de los lienzos de la memoria se esconde una flor oscura que nunca se marchita. Aparecer a su lado es siempre una tortura silenciosa. Hay perfumes rancios, formas y colores gastados; palabras caducas, desconcierto.
Las peores alimañas viven entre la sombra que proyectan sus pétalos. Son ojos cansados que revisan letritas para inventar motivos que despejen la angustia.
Las imágenes son nítidas. La única alternativa es el anhelo intrínseco de que una bala se introduzca en mi cabeza y estalle en cien mil pequeños e irreconocibles fragmentos.
Y que exploten. Y me destruyan para siempre.
Las peores alimañas viven entre la sombra que proyectan sus pétalos. Son ojos cansados que revisan letritas para inventar motivos que despejen la angustia.
Las imágenes son nítidas. La única alternativa es el anhelo intrínseco de que una bala se introduzca en mi cabeza y estalle en cien mil pequeños e irreconocibles fragmentos.
Y que exploten. Y me destruyan para siempre.
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