No es cuestión de llenarse los puños de palabras y salir corriendo a la calle a coser bocas con aguja e hilo. Si algún insolente se adjudica la receta para curar la soledad, seguramente tiene un pie atascado en la emboscada del primer renglón.
El embustero así lo pronunció en su discurso de principiante. Con sus palabras pretendía adueñarse de todos los desiertos; los orientales y los occidentales. Allí está, sentado en medio de un patio construido bajo baldosas de dos colores idénticos. Habla y come frutas exóticas. Bebe del mejor elixir y se jacta de ser un cuadrúpedo.
Sólo habla de repeticiones y que nadie se anima a más. Sus ojos no tienen brillo y se olvida de la continuidad.
1 comentario:
Lo felicito Profesor Favalli. Siempre apuntando hacia la ciencia y los cambios espacio-temporales.
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