Estaba despedazado sobre una silla, babeando palabras de escasa inteligencia. A su alrededor quedaban pocas personas que acostumbradas a su presencia ni siquiera lo observaban. En algún punto lo entendían, el futuro arrastraba un tinte oscuro, pero por dentro estaban seguros de que no era tampoco cuestión de partirse el cráneo con el primer barco que se divisaba desde tierra. Principalmente cuando las manos aún no han formado callos y las uñas están rotas simplemente por la proyección de la ansiedad. Sus pies estaban atascados en una roca de vidrio. Sólo podía blasfemar y creer que su vanguardia era de envidiar.Así se acercaba a todos, así se proyectaba el resto.