El señor Gutiérrez no sabe respirar, su vida es una asfixia permanente porque no puede cerrar la boca. Igual le interesa escuchar. La sordera puede dividirse en decenas de variables, aunque la más divertida es la de los intelectuales de cincuenta centavos, los que interrumpen conversaciones con las mismas cuatro o cinco oraciones que repiten cronométricamente cuando necesitan advertirle a todos su presencia. El señor Gutiérrez sospecha que estos intelectuales incluso hablan cuando están solos, preferiblemente frente al espejo. Practican el tono exacto, la mirada perfecta, construyen su propio ideal.
La dignidad de la pregunta. La inteligencia es encontrar respuestas; aún así, la inteligencia es incentivar el hallazgo de puntos débiles. Nacer implica un destino mortal. Las ideas nacen luego se las reemplaza. La inteligencia es también encontrar un reemplazo a tiempo. La vida a destiempo es incompleta.
Por momentos, el señor Gutiérrez se enceguece frente a determinadas genialidades. Los maestros de la sospecha. Los libros son lapsos en su vida. Los sistemas son telescopios por donde observar e interpretar el mundo, trajes para vestir. Tiene una debilidad peligrosa por las palabras perfectamente ubicadas: sostiene que la filosofía es simplemente poner nombres; el hecho de nombrar construye realidades.
1 comentario:
la inteligencia está condicionada por tantas cosas.
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