domingo, agosto 19, 2007

La ansiedad

La vida del señor Gutiérrez era un complejo sistema lógico-matemático estructurado con el fin único de ganar tiempo. Antes de hacer cualquier cosa pensaba una estrategia para llevarla a cabo con la mayor velocidad y efectividad posible. Y mejor aún si podía hacer más de una a la vez. Su obsesión era incontrolable, abarcaba desde las cuestiones más cotidianas como enjabonarse en la ducha hasta cómo resolver un texto literario. El señor Gutiérrez era escritor. Ni siquiera se permitía focalizar su atención en un único asunto: tenía que pensar más de un tópico, siempre. Mientras cocinaba, por ejemplo, además de elegir las especias y los ingredientes, intentaba encontrar una solución al problema de la plusvalía o se organizaba un recorrido por las calles de Ámsterdam, ciudad que no conocía ni tenía dinero para hacerlo.

Con los años, obtuvo una rara habilidad para vivir de ese modo. Querer resolverlo todo de inmediato se había convertido en una costumbre a la cual no podía renunciar, ni siquiera concientemente. Una tarde, sentado en el living de su departamento –vivía en un sexto piso-, reflexionaba (entre muchos otros temas) acerca de cómo llevar una carta al correo. Era sábado, su día libre; llevar ese sobre era su única actividad. El buzón estaba apenas en la esquina. No había mucho que pensar: llave, puerta, llave, botón, puerta, ascensor, botón, puerta, llave, puerta, llave, caminar ida y vuelta –unos 30 metros si cruzaba la calle en diagonal, siguiendo la vereda eran 32- llave, puerta, llave, botón, puerta, ascensor, botón, puerta, llave, puerta, llave. Sencillo. Sin embargo, no estaba conforme. Tenía que encontrar un modo aún más rápido. Voilá!, dijo mirando la ventana abierta. Su plan se simplificaba en un noventa por ciento.

El señor Guitiérrez eligió la forma veloz. Y ese fue su cálculo final.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Pobre Gutiérrez! Al parecer, lo más rápido no siempre es lo más efectivo.
El eMeSeNe es muy triste, como el eMeSeNe en sí.
Saludos

Anónimo dijo...

No era suficientemente lógico el Sr. Gutiérrez. Al final, como a todos, lo mató el ansia romántica de alcanzar la genialidad.