lunes, abril 17, 2006

Replegado allí

Sentir con lágrimas que se creó un espacio. Indistinto en su primera definición, marginal en su esencia, idiota bajo los párpados de tierra. La angustia es no pertenecer, al fin de cuentas. Como pisar territorio blando y desentrañar letras en universos sólidos.

Es la mirada una invitación. Instante de brisa emocional para que la poesía delegue su necesidad en un futuro inmediato que se quiebra en lápices sin destino, falaces en su búsqueda, oscuros y soberanos. Palabras que se adueñan de un momento donde se respiran oquedades. Son ojos que se cierran y entienden que todo es muerte, incluso el placer de haber conocido cielos de sangre, palacios completos de mármol dibujado.

Son sus labios los que se deslizan por la soledad. Ahora es tiempo de construir un muro de pan y perderse tras los rastros de un momento, atrás. Hoy.

lunes, abril 03, 2006

Su hoy era pena

Estaba despedazado sobre una silla, babeando palabras de escasa inteligencia. A su alrededor quedaban pocas personas que acostumbradas a su presencia ni siquiera lo observaban. En algún punto lo entendían, el futuro arrastraba un tinte oscuro, pero por dentro estaban seguros de que no era tampoco cuestión de partirse el cráneo con el primer barco que se divisaba desde tierra. Principalmente cuando las manos aún no han formado callos y las uñas están rotas simplemente por la proyección de la ansiedad. Sus pies estaban atascados en una roca de vidrio. Sólo podía blasfemar y creer que su vanguardia era de envidiar.

Así se acercaba a todos, así se proyectaba el resto.

lunes, marzo 27, 2006

Textos que oscuros

Me encuentro solo y pienso. Me paso los días pensando, navegando por mares indómitos en los que sólo encuentro interrogantes. En uno de mis periplos, casi sin querer, percibí frío y una risa sardónica que provenía de mí mismo. Era mi propia risa, burlándose de mí. Exageradamente. Pronto comprendí a que se debía aquel cuadro. Había encontrado una respuesta. No era una novedad, era la única solución posible, la única pieza que encajaba en el polvoriento rompecabezas de mi vida. La respuesta me miraba, con sus ojos transmitía mensajes. Comprendí el porqué de tantos años perdidos entre los laberintos más indulgentes y fieles. Tantos años desfigurándome entre letras, palabras y textos intrincados; extraviado entre pentagramas y colores y líneas e imágenes. Aquel era el rostro de mi amor, nítido, perfecto. Estaba ahí, indiferente. No puedo asegurar si era verdadero o ficticio, sólo estoy seguro que era ella. Sus ojos me sorprendían, esa mirada tenía una profundidad desconocida, me traspasaba.. Entonces pude entender, vislumbré nuevas formas y me ubiqué en un extremo distinto al de siempre, porque la verdad se me presentaba diáfana ante mi alma y mi corazón. Era el momento de la admisión. Ella no me quiere.