Es la mirada una invitación. Instante de brisa emocional para que la poesía delegue su necesidad en un futuro inmediato que se quiebra en lápices sin destino, falaces en su búsqueda, oscuros y soberanos. Palabras que se adueñan de un momento donde se respiran oquedades. Son ojos que se cierran y entienden que todo es muerte, incluso el placer de haber conocido cielos de sangre, palacios completos de mármol dibujado.
Son sus labios los que se deslizan por la soledad. Ahora es tiempo de construir un muro de pan y perderse tras los rastros de un momento, atrás. Hoy.
