El tiempo trabaja los objetos. Todos. Los erosiona sin prisa, aunque constantemente. El resultado de esta labor silenciosa es el cambio. Un durazno abandonado en la heladera sirve para advertir el paso del tiempo: es un adverbio de tiempo. De acuerdo con la consistencia, el caudal de moho y el color de su cáscara se puede arriesgar a ojo la cantidad de semanas que lleva ahí.
Para advertir el cambio hay que hacer una elipsis. Es decir, olvidarse del objeto por un tiempo prudente. Los cambios son invisibles en la rutina.
Me llama la atención lo que sucede con la ropa. Un par de zapatillas nuevas, por ejemplo. Ocupan algún lugar de privilegio. Son nuevas, son las mejores, el tiempo no las toca. Hasta que llegan otras. Instantáneamente caen del podio de la exclusividad, se completan de imperfecciones, pierden color, se estiran. No resisten la comparación y pasan a ocupar el repertorio del día a día. Se usan para las tareas más ordinarias, sin culpa. En este caso, la elipsis llega de un modo violento: la sustitución.
El cuerpo es también víctima del tiempo. Lentamente cede ante la gravedad, se va desvencijando, se arruga, se hincha, se encoje, se tuerce. La juventud -tiempo de exclusividad- pasa a ser un recuerdo encerrado en fotografías. No hay posibilidad de escapar al desgaste.
martes, enero 22, 2008
lunes, enero 14, 2008
Los huecos
El mundo en un intercambio sostenido. El habla.- Hola. Te invito.
- Tengo que lustrar los bronces. Mil disculpas.
El característico tufo de los pasillos en los edificios, fritanga mezclada con la emanación amoníaca de los perros. Microclima condensado en un rectángulo de ocho metros cuadrados. El olfato.
El chocolate: amalgama exacta entre dulce y amargura; dócil, vulnerable a las temperaturas. Objeto de tentaciones irrefrenables. Metáfora de ansiedad, remedio para la angustia oral. El gusto.
La interacción nerviosa de dos cuerpos que se ofrecen. Sexo.
Un lienzo de Mark Rothko. Simple y casi monocromático. Grandes formatos que parten la pared con el impacto de la síntesis. La vista. También la mierda, que brota por el ano. Tema delicado que nunca fue analizado como maravilla de la creación, sino como elemento condenado a ser escondido. Resultante de un proceso, el descarte, la materia marginal que muere en la cañería.
Inhalación. Exhalación.
La transpiración.
Somos nuestros huecos. Allí el vehículo, la comunicación, la verdadera codicia. El cuerpo es la estructura que sostiene nuestros huecos.
miércoles, enero 02, 2008
El cuerpo
El mercado de revistas está completo de cuerpos desnudos. Son kilómetros cuadrados de piel impresos en papel. Todo muy visual. Más allá de la obviedad de las curvas, lo interesante es observar su ubicación, la fotografía, los colores. Son tan perfectos y explícitos. Pero a la vez tan distantes. La atracción que producen estos cuerpos se sostiene en la imposibilidad de acceso.Las imágenes se interponen en el camino, es casi imposible obviarlas. Son casi todas mujeres. Es un ejercicio divertido observar el movimiento de ojos de los transeúntes cuando se deslizan frente a un kiosco: algunos miran con vergüenza; otros como si no les interesara y otros directamente se detienen y simulan leer los titulares de una publicación de automovilismo.
Este tipo de imágenes silenciosamente te hacen acordar que uno también tiene cuerpo. Y que está rodeado por cuerpos, casi todos imperfectos, o no tan perfectos como los que adornan las revistas. Avanzan a distintas velocidades, se cruzan, se tocan, se modifican. Y no sólo hay cuerpos en los kioscos, también hay cuerpos en las publicidades, de hecho no se sabe cuál es el producto; hay cuerpos en las cafeterías, te sirven un licuado de banana o cualquier cosa que esté en la carta; hay cuerpos en los semáforos, vestidos con calzas y gorrita; hay cuerpos en las farmacias, en las jugueterías, en las tiendas de ropa, en las estaciones de servicio. Todo es cuerpo. La sociedad es un sinfín de piernas, narices, ojos, brazos, torsos, orejas repartidos por el azar de la genética. Ser cuerpo tiene condiciones. Tiene medidas matemáticas. Ser cuerpo significa éxito social. La soledad es la ausencia de cuerpos. El cuerpo siempre está por delante. Es imposible disimularlo. Y ocupar el espacio justo es motivo de tapa.
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