El avaro es peligroso. No sólo se prohíbe a sí mismo disfrutar sus bienes económicos, sino que además tiene costumbres de mal gusto. Son personas que le dejan el nylon al control remoto; no utilizan jamás el living de su casa: reciben amistades en quinchos y garajes; ingieren alimentos de marcas de segundo orden engañándose que es lo mismo; dejan de lado cualquier especie de comodidad, fundamentalmente la calefacción en invierno; calculan las monedas de la propina; jamás hacen un regalo; no se permiten interesarse por nada que implique gasto, y no sólo monetario; si tienen dos (cualquier cosa, desde ropa hasta autos) usan el más viejo; se ubican siempre en el rol de víctimas; siempre a pie, ni el día que llueve incorporan la opción taxi; se enfadan si algo se ensucia; no disfrutan sus adquisiciones pensado en lo que gastaron; a la hora de comprar primero miran el precio, sólo si es conveniente viran su atención hacia el producto; no contratan servicios de ningún tipo: ellos pintan, destapan cloacas, limpian, arreglan motores, hacen instalaciones eléctricas, arreglan el jardín y fabrican con basura elementos de uso cotidiano; esperan siempre la caridad ajena, incluso en cuestiones de 50 centavos. Algunos llegan a frenar sus camionetas cuatroporcuatro en los contenedores para revisar si hay algún artículo posible de ser reciclado. Viven en la pobreza por miedo a la pobreza. Y lo peor: contagian con esta forma de vivir a sus familiares directos.Anoche presencié cómo una persona le robaba una tenaza del bolso a un mendigo que dormía en la entrada de un departamento de oficinas. Se acercó meticulosamente para chequear si reaccionaba, incluso agitó la mano enfrente de sus ojos. No hubo respuesta. Tomó la pinza y salió a paso acelerado; dobló en la esquina y se perdió entre los focos de luz.
Yo lo miraba desde la vereda de enfrente. Iba camino a un bar, me detuve para ver bien qué hacía ese hombre. Estuve a punto de gritar para que el linyera se despierte. Pero no me salieron las palabras, seguramente por cobardía o por miedo.
Seguí camino. Mientras, intentaba encontrar una palabra que describa a este sujeto de campera oscura. Cleptómano no es el término indicado: había robado algo que, por el modo en que lo analizó, le hacía falta. Su forma de moverse dejaba interpretar su actitud. Evidentemente es un avaro, con todos los peligros que eso arrastra.

