domingo, septiembre 16, 2007

La pobreza

El avaro es peligroso. No sólo se prohíbe a sí mismo disfrutar sus bienes económicos, sino que además tiene costumbres de mal gusto. Son personas que le dejan el nylon al control remoto; no utilizan jamás el living de su casa: reciben amistades en quinchos y garajes; ingieren alimentos de marcas de segundo orden engañándose que es lo mismo; dejan de lado cualquier especie de comodidad, fundamentalmente la calefacción en invierno; calculan las monedas de la propina; jamás hacen un regalo; no se permiten interesarse por nada que implique gasto, y no sólo monetario; si tienen dos (cualquier cosa, desde ropa hasta autos) usan el más viejo; se ubican siempre en el rol de víctimas; siempre a pie, ni el día que llueve incorporan la opción taxi; se enfadan si algo se ensucia; no disfrutan sus adquisiciones pensado en lo que gastaron; a la hora de comprar primero miran el precio, sólo si es conveniente viran su atención hacia el producto; no contratan servicios de ningún tipo: ellos pintan, destapan cloacas, limpian, arreglan motores, hacen instalaciones eléctricas, arreglan el jardín y fabrican con basura elementos de uso cotidiano; esperan siempre la caridad ajena, incluso en cuestiones de 50 centavos. Algunos llegan a frenar sus camionetas cuatroporcuatro en los contenedores para revisar si hay algún artículo posible de ser reciclado. Viven en la pobreza por miedo a la pobreza. Y lo peor: contagian con esta forma de vivir a sus familiares directos.

Anoche presencié cómo una persona le robaba una tenaza del bolso a un mendigo que dormía en la entrada de un departamento de oficinas. Se acercó meticulosamente para chequear si reaccionaba, incluso agitó la mano enfrente de sus ojos. No hubo respuesta. Tomó la pinza y salió a paso acelerado; dobló en la esquina y se perdió entre los focos de luz.

Yo lo miraba desde la vereda de enfrente. Iba camino a un bar, me detuve para ver bien qué hacía ese hombre. Estuve a punto de gritar para que el linyera se despierte. Pero no me salieron las palabras, seguramente por cobardía o por miedo.

Seguí camino. Mientras, intentaba encontrar una palabra que describa a este sujeto de campera oscura. Cleptómano no es el término indicado: había robado algo que, por el modo en que lo analizó, le hacía falta. Su forma de moverse dejaba interpretar su actitud. Evidentemente es un avaro, con todos los peligros que eso arrastra.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Si el avaro no disfruta de lo que tiene, entonces... para qué lo tiene? Como no disfruta de sus bienes materiales, tampoco disfruta de las pequeñas cosas de la vida, como la calidez del sol de primavera sobre el rostro enmohecido por el crudo invierno, porque esta pensando en como obtener cada vez más y más. Otra cosa, nunca entendí a la gente que tiene un living pulcro para no usarlo o peor, nunca entendí a aquellos que tienen una casa y en lugar de entrar por la puerta principal me hacen ingresar por el garage y menos mal que el baño no tiene puerta a la calle!
Muy bueno el blog. ¿Todo es de autoría del Profe Favalli?

Anónimo dijo...

Sí. Llegué a este blog a través de la web de Ciudad Abstrakta. Muy importante es eso de darse los gustos por más pequeños que sean. Yo trato de hacer lo mismo.
Por supuesto que tu blog ya está en mis favoritos. Entraré en la semana para leer antiguos post y el próximo domingo que por lo que pude observar es cuando se actualiza.
Un beso. Bye, bye.

A juggler IN THE MOON dijo...

Sólo faltaba proponérselo más seriamente. Luego, parte del objetivo estaría cumplido. Digo parte porque creo saber de tus pretensiones y deseos de recrearte, redescubrirte. Esa es mi humilde conclusión luego de leer todas tus “opiniones” de "Ciudad Abstrakta, el regreso".

Sin dudas las formas de tus textos son completamente distintas a las "pre- vacacionales". Y me gustan mucho. Más jugadas, punzantes. En serio… felicitaciones porque recuerdo de esa vieja necesidad tuya.

Sólo eso.

Besos muchachito y que todo siga así: muy lindo y en ascenso.