domingo, septiembre 18, 2005

nOSOTROS

¿Qué color sos?

No soy azul

¿Cuantos años tenés?

Tengo garras

No creo nada de lo que pueda creer en.

Negativo, mi negación

Conozco de todo, ¿cuantos sueños tenés?

No tengo muchos motivos, pero son demasiados

¿Hacia donde va la alegría?

Se nos escapa, se nos escapa
Abrí los ojos, escuchá el silencio, viene de adentro

No pienses más sin fe. Se nos escapa, se nos escapa

¿Como te llamás?

No te importa.

Tengo sueño de día y me tiembla conocerte.

Generación. 1, 2, generación. –mi generación-

“Laforgue is certainly against something, a revolt which, as D.H. Lawrence, is enacted on a deeper level of consciousness’ than that which deals with political and social notions.” T.S. Eliot on Laforgue.

3 DÍAS SIN COMER.

“VOUS QUI NE VOYEZ PAS, PENSEZ À CEUX QUI VOIENT”

¿Hola quién sos, podríamos vernos? Ojos abiertos
Mañana quizás no estemos. NO, no estaremos....
Que desilusión, pensé que estaríamos.

Y hoy que estás qué?

No, ni lo pienses.

por Federico Damiano

domingo, septiembre 11, 2005

Ciudad negra

Espacio para golpes estáticos. La muerte, hermosa, está en cada uno de ellos. En la oscuridad, como una forma de sentir.

Atrás no hay nada. Cada vibración es un instante nuevo. Un primer paso anulado, encerrado, absolutamente vivo. Soledad atorada, sólo uno y nadie más. Con un bolígrafo infecto anudado en las manos rotas.

No hay posibilidad de pensar, ni de sentir. Lo que se escucha se ve y se mueve. Nada más, para nadie. Una sola esfera. Tampoco hay bordes ni miedos. Los huecos giran en su lugar.

Repetir es exterminarse. De un solo manotazo.

lunes, septiembre 05, 2005

El espacio se gasta

Fue un breve estruendo y una migración insólita hacia tierras de antigua data, donde el poder ya se había diluido. Demasiados pensamientos y guerras conspiraron contra las poblaciones, que diezmadas lloraron hasta secarse.

En los templos no quedó ni aire y sobre las mesas los recipientes de oro había perdido su atracción. Eran tiempos de abundancia metodológica. Desde el gobierno sentenciaban el nacimiento de la “miedología”. El hombre sólo lo entendió cuando se vio hundido en sus propias manos. Al borde de una nueva ruptura.

Entonces se fue y conoció.