domingo, octubre 14, 2007

La historia

Los motivos existen. Y las casualidades también. No creer en las casualidades es ser fatalista, escuela muy poco entretenida de profesar: el mundo es como una función de títeres, y el titiritero es un concepto ininteligible llamado destino. Es preferible que la existencia sea calculable (y que los cálculos fallen, obviamente), antes de que ya esté calculada. Pocas posturas más simplistas que la de negar las casualidades

Hay un hilo, formado por millares de hilos entrelazados.

Algunos mezclados entre sí; otros que ni se tocan; otros que dan lugar a otros hilos; otros que están cortados. Algunos largos, algunos breves.

La historia, formada por millares de historias entrelazadas.

Hay una lectura general posible: la de los manuales, que utiliza como eje grandes sucesos. También hay una lectura individual posible, aunque infinita: la de cada una de las personas. Todas tienen su propia historia, que también está formada por millares de historias entrelazadas: los anhelos, la muerte de un ser querido, una operación de rodilla, el foquito de luz que ilumina la habitación, Led Zeppelin, una mirada que es poesía, amigos, lecturas, los colores, una comida, un consejo de papá, una pelea, esa palabra que congeló el teléfono, un viaje, un hijo, una tarde mirando el mar, un beso, un perfume, Berni, una caída, un descubrimiento, un error. Instantes que modifican y se modifican.

Los recuerdos. Creo que mi memoria funciona por acumulación de cuadros, como si fueran fotos superpuestas. No hay movimiento, o sí pero es ficticio. La historia que conservo de mí mismo tiene esa lógica, donde también hay una fuerte presencia de lo auditivo, lo olfativo, lo táctil, lo gustativo. Yo soy esa combinación de todos los sentidos; que es distinta a la de la muchacha que ahora está bailando enfrente mío. Ella tiene su propia historia, donde yo no tengo espacio. Todavía. Podría tenerlo si hago algo llamativo para ingresar, por ejemplo desgarrarme la camisa, gritarle como Tarzán en plena cara y salir corriendo cual gorila simpático del Animal Planet. Obviamente no voy a hacer eso, pero tengo muchas ganas. Sólo para preguntarle algún día, si la casualidad me vuelve a cruzar con ella, si me convertí en uno de los tantos hilos que conforman su historia.

Lo ideal sería conseguir un lugar sin la necesidad de dirigirle más que una mirada. Pero eso es amor. De eso no entiendo nada.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Este blog es más que interesantel, sin duda , pero me gusta no creer en las casualidades!
éxitos
y lo espero por mi blog cuando quiera, dejeme una acuarela dulce, o las que sean necesarias

Anónimo dijo...

¡Wow! La verdad quedé casi sin palabras. Tuve distintas sensaciones luego de leer estas líneas. Al principio no entendía bien. Después comprendí y sospeché que las historias entrelazadas que enumerás son todas de "Favalli"¿me equivoqué?. Luego fue un ¡Epa! seguido de una carcajada por lo de Tarzán para volver al ¡Wow! otra vez, hasta el final.

Lo que me dejó tildada fue "tiene su propia historia, donde yo no tengo espacio", una expresión simple que explica muchas cosas. Pasé por eso.

"Si me convertí en uno de los tantos hilos que conforman su historia", se me ocurre algo específico para decir al respecto pero mejor me lo reservo.

Sólo dejo un fragmento de un pensamiento de autor desconocido: "...pero en nuestra vida cada una de ellas (las personas) deja una huella en nosotros [...] Eres más por ellos y serías menos si no hubieran tocado tu vida”.

Antes de despedirme, te invito a pasar por mi sitio (lo linkee al nick), otro gusto que me doy además del blog que ya conocés, ah y por el cual te agredezco todos tus comentarios, sobre todo el que dice que te gustó, jeje.

Flor Rueda dijo...

Vos decis que los relatos no son autobiográficos, pero la verdad es que no puedo evitar pensar que te sentís así. El final de este texto me mató.