El tiempo, extensa discusión. La filosofía tropieza con este concepto desde hace siglos, desde que el hombre es consciente de su existencia. Lo curioso del tiempo es que se mide con increíble exactitud desde lo científico, por ejemplo la duración de un round de boxeo; sin embargo es absolutamente relativo para cada una de las personas, incluso para las que llevan su reloj indefectiblemente en su muñeca o teléfono celular. No tiene mucho que ver conocer la hora si no se tiene noción de la velocidad con que transcurre.El mundo podría dividirse en dos grandes grupos: las personas puntuales y las impuntuales. Y dentro de cada uno de estos dos segmentos hay infinidad de variantes. Ayer, sin ir más lejos, conocí a un jardinero que siempre llega 5 minutos antes a la casa donde tiene que hacer su trabajo. Me dijo que se queda junto al timbre hasta que su reloj marca la hora en punto, segundos en cero, en la cual acordó su llegada. En ese instante preciso se anuncia. Un descolocado. De todos modos, los puntuales no causan problemas, salvo aquellos que quieren obligar al resto de la humanidad a adecuarse a su obsesión. No entienden que la vida cronométrica es dañina. Y fundamentalmente muy predecible. Los que llegan temprano son ansiosos, un planeta aparte.
Los impuntuales son más coloridos. Hay impuntuales simpáticos: los que llegan entre 10 y 15 minutos tarde. A ellos todo se le perdona, porque están dentro del margen aceptable de impuntualidad. (Salvo para los cronométricos, claro. Ellos, mientras esperan, experimentan una sensación de vida completa desperdiciada). Pero también hay quienes definitivamente no saben administrar el tiempo, lo cual es un problema; no porque dejan plantado a un amante, novia o amigos, sino porque el día no les reporta resultados.
Dentro de este estilo de impuntuales hay tres grupos. El primero está conformado por aquellos que entienden el tiempo como un detalle. Para ellos el tiempo sólo pasa a un primer plano cuando tienen real interés en algo. Son personas que pueden llegar una hora tarde a una reunión familiar, pero jamás llegarían tarde para tomar un avión a la Polinesia; o para encontrarse con el amor de su vida. Por el contrario, son capaces de tomar la postura del jardinero. Internamente viven ese momento con la precisión del jardinero. Pero sólo ese momento. Son impuntuales cuando la circunstancia no los moviliza a quebrar su egoísmo. Aunque quieran presentarse al mundo como personas flexibles y poco comprometidas, están mintiendo: son el jardinero.
El segundo grupo está integrado por los revolucionarios de la impuntualidad. Son esos que por un principio ético personal no respetan los horarios acordados. Si alguien propone encontrarse a las 15, por ejemplo, ellos llegan a las 15:30. Es esa media hora que, desde el primer momento, ya saben que van a utilizar en otra cosa, generalmente en nada. El tiempo para ellos no es un inciso a respetar. Listo. Nunca van a llegar a horario, porque no quieren llegar. Generalmente estos impuntuales se llevan mal entre ellos, porque siempre hay un revolucionario más extremo, entonces comienzan las discusiones. Lo mejor en estos casos es un mediador, que casi siempre es un impuntual simpático. Ya fue enunciado: todo se les perdona.
El tercer grupo es el que agrupa a los que siempre están ocupados. La diferencia de estos impuntuales es que avisan; tienen la mínima decencia de enviar un mensaje de texto, hacer un llamado, avisar por un tercero que van a llegar tarde. Quienes los esperan saben que no llegan a horario porque les es imposible. Aunque terminan fastidiando a pesar de la excusa, supuestamente, irrefutable. Lo que fastidia es que llegan tarde pero llegando tarde a otra parte.
El grupo más lindo, a mi modo de entender, es el de los que saben cómo manejar los tiempos acorde a su propia necesidad, a la circunstancia y de acuerdo a la persona con la que sellaron un compromiso. Al cine llegan 20 minutos antes porque saben que consiguen buen lugar; a ver a la chica que les gusta llegan tarde para no demostrar demasiado interés; al trabajo llegan en punto; a la casa de la abuela llegan más temprano porque saben que está todo listo una hora antes.
Tal vez, visto desde afuera, estas personas ingresan en el grupo de los puntuales. Es probable, porque para lograr una conducta tan estratégica hay que respetar las exigencias del reloj y luego buscar su punto de manipulación. Como los músicos. La música tiene una relación directa con el tiempo. Ser siempre exacto tiñe la obra de frialdad. Ser siempre inexacto es ser un mal músico. Está en uno ir alternando a discreción. Elegir. Eso es arte. Y libertad.

